El Derecho no es ajeno a un fenómeno mundial: la globalización. En un entorno cada día más tecnológico, que hace más pequeño el mundo por las comunicaciones, donde los Estados interactúan cada día más unos con otros, con tratados de libre comercio, y convenios bilaterales y multilaterales, el Derecho no se ha quedado atrás y refleja ese mundo globalizado.
No hablo sólo de las fusiones de las oficinas de abogados, que tratan de competir más eficazmente con otras de otros países a raíz de la movilidad de la inversión, o de la Corte Penal Internacional que trata de endilgar responsabilidad a actores que ponen en peligro o vulneran bienes tutelados por toda la humanidad, sino del Derecho global, que de una u otra forma será una realidad en pocos años cuando el mundo se haga todavía más pequeño y por lo tanto exista más interrelación entre los ciudadanos del mundo, a través de negocios, viajes, inversiones, demandas, o simplemente por la propia dinámica del entorno tecnológico.
El Derecho debe estar ahí no sólo para crear una ética propia de la realidad global, sino para garantizar valores y derechos propios del ser humano, como la libertad, y otros derechos que deben avanzar en su protección y no al contrario. El Derecho global debe ser un avance para el hombre también en este aspecto, la tecnología ha logrado unir al hombre, pero también el Derecho lo debe hacer, para generar una comunidad internacional más fraterna, y donde los Estados cooperen uno con otros para realizar finalmente una aldea global más feliz y más pacífica. El Derecho no sólo debe ser un instrumento para los negocios, que son importantes para crear riqueza, sino también para generar avances en materia de ética, de valores, de justicia, de pacifismo, de cooperación, de integración, de humanismo.
El Derecho es una de las creaciones más importantes que ha hecho el hombre para su desarrollo, porque sin Derecho no hay desarrollo, y esto lo saben todas las sociedades en el pasado, y en el presente, Mesopotamia lo supo, Roma lo supo, y las grandes potencias contemporáneas también lo han conocido. Es por esto, que el Derecho no puede ser simplemente un convidado de piedra en la globalización, allí debe estar para garantizar mayores avances en materias clave para generar una sociedad mundial más humana, más próspera, más fraterna, a través de la protección de las más exaltadas garantías humanas y sus desarrollos, como el Estado de derecho, la democracia, la libertad, los valores humanos, la justicia, la ética, la paz, la cooperación, etc.
La globalización es una oportunidad para lograr estos avances, donde no sólo hay más negocios, sino que hay más humanidad, que como decía Locke es esencialmente buena, porque sólo si partimos de la premisa de que el ser humano es bueno podemos construir y avanzar, lo contrario es adverso al espíritu humano y por lo tanto no puede ser visto como una premisa cierta para avanzar, ya que sólo la evolución en las capacidades del hombre podrán generar más felicidad para todos. El Derecho ha sido fruto de esa evolución, como la institucionalización del poder, el movimiento constitucional moderno, o la creación de las instituciones del derecho civil que lograron los romanos hace veinte siglos, todos estos avances jurídicos deben solidificarse en un mundo global y potencializarse, esa es la oportunidad que nos brinda la actual coyuntura.
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