¿Quién le da validez a la Constitución?

Dentro de la escuela iuspositivista es importante determinar la validez de las normas. La Constitución determinaría el criterio para validar las normas del ordenamiento jurídico. En este sentido, la Carta Política establece las reglas para que una norma pueda estar en ese ordenamiento. Las leyes, o las normas jurídicas que emite el Congreso deben acatar las reglas constitucionales, a su turno, los actos administrativos deben estar en consonancia con las leyes y con la Constitución.

Pero, ¿quién valida a la Constitución? ¿Lo hace ella misma? ¿La misma Carta Política se autovalida? En mi concepto quien le da validez a la Constitución es el pueblo, el constituyente primario, ya que, al ser la Constitución la norma más importante quien le da existencia a la misma es el pueblo, el soberano.

Varios iuspositivistas, entre ellos H.L.A Hart, critican esta posición, ya que para este jurista no interesa este problema, simplemente no le incumbe el agente o la norma que valida la Constitución, para Hart sólo es importante que la Constitución exista y punto. El problema de la validez o de la existencia constitucional no es problema para este iusfilósofo, ya que desde un punto de vista práctico, la norma fundamental simplemente está en el ordenamiento jurídico-político y con eso basta.

No comparto la posición de Hart, me parece que el sustento de validación de la Carta Política es esencial para determinar la legitimidad política del ordenamiento, del sistema. La Constitución no es cualquier norma, es la carta de navegación del Estado, es el estatuto principal, el estatuto originario. Por lo tanto, establecer el sujeto validador o legitimador del mismo es fundamental para saber sí la Carta Política está cumpliendo con sus fines o no.

Cuando una Constitución o un sistema jurídico-político no satisface las necesidades de la mayoría de los ciudadanos es deber de estos modificar o incluso sustituir ese sistema, y no estamos hablando de revoluciones o de lucha armada, pero sí estamos hablando del derecho legítimo de los gobernados a tener un sistema de poderes diferentes, tal como lo estableció John Locke en "Ensayo sobre el gobierno civil", donde según este autor, el pueblo puede bajo ciertas circunstancias modificar o sustituir ese ordenamiento jurídico-político cuando no está generando satisfacción para la mayoría de los ciudadanos. Por lo tanto, sí es importante el pueblo, como sujeto validador de la Constitución en el sistema democrático liberal, la indiferencia al estudio de este elemento por parte de los iuspositivistas como Hart es impensable.

El iuspositivismo analiza fríamente el ordeamiento jurídico, sus elementos, y su validación desde el mismo sistema normativo, olvidándose que el sistema jurídico no es más que la expresión de un poder, de una situación de hecho o fáctica, como es el establecimiento de una potencia reguladora dentro del Estado.

El pueblo le da validez a la Constitución, y lo ha hecho a lo largo de la historia. No podemos ser indiferentes ante este estudio, porque el sistema jurídico es cambiante es mutable a las necesidades de la gente, del ciudadano; el sistema jurídico-político no es un objeto de estudio estático, es dinámico, y así debe estudiarse.

"LA ENTREVISTA DE TRABAJO EN BAQUERIO & MALIGAUTA ABOGADOS" O ¿POR QUÉ ESTUDIÉ DERECHO? PARTE 7

Era una tarde lluviosa, a las tres de la tarde Fernando Arturo debía presentar su primera entrevista de trabajo en un reconocido bufete de abogados: Baquerio & Maligauta Abogados. El edificio donde quedaba la firma era una construcción inteligente, un cuasirascacielos de diez pisos, que más parecía rascatierras que rascacielos. Fernando Arturo iba vestido de corbata y traje de paño, cursaba su último semestre en la universidad, y estaba a la expectativa por encontrar un buen empleo. Uno de sus compañeros de curso trabajaba en ese bufete, y había recomendado a Fernando Arturo con su jefe, diciéndole esta frase: "Es uno de los mejores estudiantes".

Fernando Arturo se presentó con la recepcionista, que llevaba un sastre azul oscuro muy ajustado al cuerpo, y quiso quedarse con ella, pero el deber llamaba. La bella recepcionista anunció a Fernando Arturo con la oficina donde estaba ubicado el bufete. Le pidió que subiera al décimo piso.

El ascensor era amplio, tenía un espejo al fondo, el futuro abogado se acomodó la corbata, y observó que habían varias gotas de agua en su rostro por la lluvia, se secó con el pañuelo. El ascensor lo llevó lentamente hasta el décimo piso. Cuando se abrieron las puertas, un aviso muy grande se presentó imponente ante Fernando Arturo: BAQUERIO & MALIGAUTA Abogados. Era un aviso plateado muy vistoso, al parecer la única empresa que trabajaba allí era ese bufete.

Otra recepcionista vestida de rojo, menos atractiva, le sonrió mecánimamente.

- ¿ En qué le puedo servir ?

- Vengo para una entrevista.

- ¿Con quién tiene la entrevista? - la recepcionista preguntó sin dejar de sonreír, mientras miraba una pantalla de computador.

- Con los doctores Arnoldo Baquerio y Sinforoso Maligauta.

La recepcionista dejó de sonreír, dijo algo por un intercomunicador que tenía en la cara, y espetó: "Siga por favor, los doctores lo esperan en la sala de juntas". 

Al penetrar por una inmensa puerta de vidrio observó que no había nadie, el lugar parecía vacío como si nadie trabajara allí. Entró a lo que parecía ser una sala de juntas, con una inmensa mesa de madera y varias sillas forradas en cuero alrededor de la mesa.

Otra secretaria vestida de rojo ingresó a la sala de juntas.

- Siéntese por favor, los doctores están ocupados, pero ya vienen en cinco minutos, ¿quiere tomar algo?

Fernando Arturo estaba nervioso, pidió un café. El silencio le produjo escalofrío. Varios cuadros adornaban el lugar, entre ellos habían varios de Matisse. El se acordó de una anécdota que contaba Truman Capote sobre una invitación que le hizo Marilyn Monroe a su apartamento, donde habían varios cuadros de este pintor puestos al revés. Fernando Arturo explotó de la risa cuando observó que todos los cuadros de Matisse puestos allí también estaban al revés.

La secretaria volvió con un café, ella se sorprendió al ver al joven sonriendo.

- ¿ Se acordó de algún chiste ? - preguntó ella con cierta incomodidad.

- No, no es nada, no se preocupe.

La secretaria se quedó unos minutos allí observando al joven, de forma algo inquisitiva, pero después abandonó nuevamente la sala de juntas.

Su compañero de estudios le había hablado sobre Arnoldo Baquerio y Sinforoso Maligauta, el primero era un abogado experto en derecho comercial que había realizado un diplomado en primero auxilios en la Mrs Robinson University en la Florida (cerca a Disney World), y Sinforoso Maligauta era un procesalista que había estudiado un seminario de derecho extraterrestre en Inglaterra en la Merry Puppins College of London.

Baquerio & Maligauta era uno de los bufetes de abogados más famosos del país, cobraban en libras esterlinas a sus clientes, y era requisito para entrar a trabajar a su bufete saber por lo menos cuatro idiomas. Fernando Arturo no sabía sino hablar español a medias, sin embargo se presentó a la entrevista. 

Minutos después dos hombres vestidos impecablemente de corbata ingresaron al lugar. Los dos hablaban por celulares de última tecnología, ambos vestían con calzonarias. Los dos le extendieron una mano a Fernando Arturo sin dejar de hablar por sus teléfonos móviles. Se sentaron en la mesa de juntas.

- ¿Cómo le va ? ¿Usted debe ser el compañero de Luis Augusto? - preguntó el que parecía ser más viejo.

- Sí señor, yo soy Fernando Arturo Rocca.

- ¿ Está lloviendo bastante ? - preguntó el otro.

- Sí - aceptó Fernando Arturo sonriendo con complicidad.

- Luis Augusto dice que usted es muy pilo, ¿ cuántos idiomas sabe ? - preguntó nuevamente el más viejo, que parecía ser Maligauta.

- Señor, yo manejo aceptablemente el inglés y el francés.

- ¿ Aceptablemente es qué ? - preguntó el otro, que parecía ser Baquerio.

- Aceptablemente es que en el colegio aprendí los dos idiomas.

Los dos veteranos abogados se miraron mutuamente con malicia.

- ¿ Estudió usted en colegio bilingüe ? - preguntó Maligauta.

- No, pero aprendí los dos idiomas más o menos. 

- ¿Si lo pusieran a hablar en inglés y en francés, cómo le iría ? - Maligauta tenía los cachetes rojos, como si fuera a estallar.

- Podría defenderme - Fernando Arturo respondía con aparente seguridad.

Los dos interrogadores miraron sus teléfonos celulares nuevamente de forma aburrida.

- ¿ Ha hecho algún curso en el exterior ? - Baquerio susurró esta pregunta mientras mandaba un mensaje escrito por su aparato electrónico.

- No señor, apenas estoy acabando la universidad.

- Si no sabe más que el español ¿ por qué se presentó a esta firma? - preguntó Maligauta, todavía más rojo y más sanguineo que antes.

- Porque Luis Augusto pensó que a pesar de mi ignorancia idiomática seré en el futuro un buen abogado, que creo es lo que ustedes son: una firma de abogados y no una empresa de traducciones simultáneas.

Los dos interrogadores se miraron con sorpresa, Maligauta le espetó a Fernando Arturo:

- Para trabajar en Baquerio & Maligauta se requiere saber más de cuatro idiomas, y haber hecho un curso en alguna universidad extranjera. Creo que usted no cumple con esos requisitos, muchas gracias en todo caso por presentarse - Maligauta se paró de la mesa y trató de salir.

- ¿No me preguntaron sobre la justicia, o sobre el derecho?

Los dos abogados que ya casi abandonaban el lugar se quedaron estáticos.

- ¿Qué dice usted ? - preguntó sorprendido Baquerio.

- Sí, que ustedes no me preguntaron sobre mi concepto de la justicia, o sobre el derecho, o sobre mi iusfilósofo favorito, sólo les interesó si hablaba un pocotón de idiomas, o si tenía colgado un diploma en mi casa de algún antro de Estados Unidos o de Inglaterra. Me parece que no saben si soy un buen futuro abogado o no, no saben que pienso sobre la ley o sobre la política, sólo les interesa que en mi hoja de vida aparezca que he hecho cursos pendejos en universidades extranjeras, o que sepa hablar rumano o neerlandés. ¡ Ustedes no son más que una broma ! ¡ Ustedes son un insulto para la profesión de abogado !  ¡Hasta cobran los honorarios en libras esterlinas! ¡ Qué esnobs! ¡ Afortunadamente no tengo hoja de vida de traductor simultáneo o de guía turístico para trabajar con ustedes como abogado ! ¡ Jamás trabajaría con unos petardos arribistas vergüenza para la profesión !

Fernando Arturo salió rápidamente de la sala de juntas. Los otros dos sujetos permanecieron allí.

Al otro día Luis Augusto le informó a su amigo que: " La decisión de la oficina es que no fuiste admitido para trabajar allí".

Fernando Arturo sonrió, y le dio las gracias por haberlo recomendado.

Meses más tarde Fernando Arturo se graduó de abogado. Entró a trabajar en una entidad del Estado.

FIN


Nota: El anterior es un relato de ficción, cualquier parecido con la realidad es coincidencia.


LA BUENA FE COMO PRINCIPIO DEL DERECHO

Uno de los temas que estudiamos en mi cátedra de "Conceptos jurídicos fundamentales" es este. La buena fe es uno de los principios del Derecho que más aplicaciones tiene en el mundo jurídico, casi que es la base de varias instituciones del ordenamiento normativo. 

La buena fe es una presunción que hace el Estado con respecto al comportamiento de los gobernados, la Constitución de Colombia ordena a las autoridades aplicar esta presunción en las actividades que desarrollan los particulares con respecto a los trámites frente a los entes públicos. 

La presunción de inocencia es otro desarrollo del principio de la buena fe pero en la esfera del derecho penal, un desarrollo que tiene que ver más con la humanización de este derecho a partir del siglo XVIII, que con la aplicación de la buena fe que viene desde los romanos en materia de contratación. 

La buena fe se aplica también en materia civil, no sólo para el tema contractual sino para generar sanciones o premios de acuerdo con la actividad del poseedor, por ejemplo, en materia de bienes.

Este principio, desarrollado por la corte admirable de los años 30s en Colombia, es una de las bases de la contratación, como ya mencioné. Sin este principio sería imposible que las relaciones jurídicas contractuales pudieran prosperar, y eso ya lo sabían los romanos desde hace más de 2.000 años.

Según Francis Fukuyama, el desarrollo de un país se mide por el grado de confianza de un Estado en sus gobernados, en su población, lo cual fue corroborado por un estudio del Banco Mundial, donde se llegó a la conclusión que los países con mayor desarrollo social son aquellos donde los trámites ante el Estado son más expeditos ( se tomó como muestra el trámite de obtención de personería jurídica para una sociedad). Por lo tanto, la buena fe es un principio que no sólo debe aplicarse o redactarse de manera utópica en las constituciones, sino que debe llevarse a la práctica en los modelos de desarrollo de los Estados.

De igual forma, la buena fe en materia política es la base del constitucionalismo liberal, de acuerdo con las ideas de Locke, ya que si esta presunción no existiera, como en el sistema hobbesiano, simplemente no existiría la democracia. Por lo tanto la buena fe y su presunción también es el cimiento de la democracia, como lo es de la contratación, y de muchas otras figuras jurídicas que se aplican en campos como el derecho penal, e incluso el administrativo.

Para la expedición de futuros estatutos anticorrupción y antitrámites, sería interesante que los legisladores no olvidaran que la buena fe es una de las columnas vertebrales del sistema jurídico colombiano en materia constitucional y en materia civil.  


EL SISTEMA JURÍDICO DE PODERES EN EL COLEGIO MAYOR DEL ROSARIO

Ayer, tuvimos la oportunidad de asistir a la ceremonia de elección del rector de la Universidad del Rosario para el periodo 2.010 - 2.014, que entre otras cosas, es la universidad que me otorgó el título de abogado, y de la cual tengo el honor de ser catedrático.

La Universidad del Rosario de Bogotá (Colombia), fue fundada en 1.653 por el arzobispo de la ciudad Fray Cristóbal de Torres. El fundador dejó plasmado en un documento jurídico denominado como "Constituciones", lo que sería el sistema de elección de las directivas de la universidad o del Colegio Mayor (como fue llamado originalmente). 

Fray Cristóbal, renuente a dejar la universidad en manos de su orden sacerdotal: los dominicos, plasmó en las constituciones un sistema de gobierno similar al de uno de los colegios mayores de Salamanca. Los estudiantes becados (denominados Colegiales) serían quienes nominarían al rector, para que fuera el arzobispo quien en definitiva eligiera al rector. A su turno, estimó que tres personas asesoran al rector en el manejo de los recursos de la universidad, a quienes denominó como Consiliarios, y ellos a su turno serían elegidos por los Colegiales. 

Para ser colegial del Colegio Mayor del Rosario, se requería presentar una pruebas denominadas "informaciones", donde el aspirante debía demostrar que sus antepasados no habían regentado oficios viles (hechos con las manos), y que no tuvieran sangre originaria de la tierra (ser indígenas) o negros. 

Los estudiantes que pasaban las informaciones recibían el título de Colegial, obteniendo una beca; y en principio hasta hoy en día, siempre han sido quince. 

El sistema ha cambiado en la actualidad, los colegiales ya no son elegidos por sus antecedentes de sangre o de abolengo sino por sus capacidades intelectuales y morales, en un proceso donde intervienen los Consejos Académicos de las Facultades y la Honorable Consiliatura, sin embargo, el nombramiento de los Colegiales (denominados como "de número") debe ser ratificado por el presidente de la República en su calidad de Patrono de la Universidad.

Los Consiliarios, que originariamente, entre tres, ahora son cinco, son elegidos por los colegiales y por el rector, y ya no sólo tienen el poder de asesorar al rector en materia financiara, sino que también lo hacen en el campo académico y administrativo, constituyendo la Honorable Consiliatura (como una especie de Consejo Directivo), junto con el rector y con el colegial mayor.

El rector hoy en día es elegido por los colegiales que se encuentren estudiando en la universidad y por los consiliarios, el rector es elegido para un periodo de cuatro años y puede ser reelegido hasta dos veces.

La  Universidad del Rosario mantiene la tradición de los colegiales, quienes intervienen en la elección de las directivas del claustro; y la tradición de los consiliarios, quienes son personas que se destacan en la sociedad por sus aportes académicos y de responsabilidad.

Ayer nuevamente la Universidad del Rosario de Colombia renovó esta tradición de hace más de tres siglos y medio, cuando los colegiales y los consiliarios eligieron al rector del claustro para un nuevo cuatrienio. Todo un orgullo para la tradición educativa de Colombia y de Latinoamérica; y todo un orgullo también para nosotros los rosaristas, desde luego.