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Proyecto Arikayasis: ideas para una nueva humanidad




¿Qué es Arikayasis? Es una novela que escribí hace dos años; está referida a una espada mágica, que a manera de Excálibur en la mitología arturiana, concede poderes sobrenaturales a quien la posee. La espada representa el poder del pensamiento, de las ideas, de cómo la mente puede ser utilizada para el bien y la justicia o para el mal, la crueldad y la inhumanidad.

Precisamente así bautizamos a nuestro proyecto, como Arikayasis. Para denotar ese compromiso con una nueva forma de pensamiento, con unas nuevas ideas que no solo están empezando a germinar en una o en algunas personas, sino que  realmente se han convertido como en una especie de pandemia, pero positiva. Mucha gente en el Planeta está preocupada por el futuro de la raza humana, de lo que vendrá para las próximas generaciones e incluso por lo que le pueda pasar a nuestra especie en los próximos años.

En Proyecto Arikayasis queremos hacer propuestas, reflexiones sobre todos estos temas, en diferentes ámbitos del conocimiento. No solo en la política, en la economía, o en la filosofía, sino también en el arte, en la cultura, está presente nuestro proyecto.

Creemos que el verdadero problema de la humanidad está esencialmente en el tipo de valores que protege. Si seguimos pensando que el lucro personal, que el egoísmo, y que el individualismo van a cambiar nuestra sociedad, pues estamos muy equivocados. De hecho, esas ideas anacrónicas son las que están acabando con nuestra especie a través de las guerras, del hambre, del terrorismo, de la injusticia, de las enfermedades incurables.

En Proyecto Arikayasis hemos propuesto nuevas visiones de temas recurrentes, que pueden o no ser compartidas por los demás; sin embargo, lo que queremos es eso, que haya reflexión, que haya discusión.

Los invitamos entonces a participar en este proyecto, a visitar nuestra página web y a enviarnos sus propuestas, sus comentarios, sus inquietudes; y que todo sea por el advenimiento de una nueva humanidad.  


Página web: http://fbermudezg.wix.com/proyectoarikayasis   

Cuenta de Twitter: http://twitter.com/PArikayasis

El líder que necesita el Nuevo Mundo


Desde mis épocas de estudiante universitario vengo escuchando una palabra que me parece un tanto difusa, se trata del término “liderazgo”. “Aquí formamos líderes”, “soy un líder joven”, “somos una escuela de líderes”, ¿qué significa todo esto del liderazgo? ¿Qué es un líder?

Como su nombre lo indica, un líder es alguien que lidera, que lleva la batuta de un proyecto, de una empresa, o de un país. Sin embargo, los estudiosos del liderazgo nos dicen que una cosa es ser líder y otra muy distinta es ser jefe. El primero, el líder, moviliza a las personas transmitiéndoles entusiasmo por una causa, por una idea. El jefe simplemente tiene poder, autoridad de mando; la gente hace lo que dice el jefe porque él tiene la posibilidad de ejercer influencia sobre una conducta, condicionándola a través de dinero, trabajo, o lo que sea.

El líder es motivador, es positivo, es emprendedor, es cautivador, tiene carisma. Nuestra sociedad necesita más líderes que simples jefes; esto lo escucho desde que estaba como estudiante en la universidad. ¿Por qué? ¿Por qué se necesitan más líderes que jefes? Porque los líderes ejercen lo que se denomina el soft power; ¿Qué es el soft power? El poder suave, el poder motivador; “yo quiero que tú hagas esto, no porque yo te mande sino porque tú lo quieres hacer”, esta sería la consigna del soft power.

Psicológicamente se ha demostrado que la gente obedece más eficazmente órdenes que son transmitidas con simpatía, con positivismo, y hasta con amor; y que tiende a desobedecer o a llevar a cabo de mala gana órdenes que vienen con amenazas, con violencia, o con rudeza, el hard power.  

A nivel político se dice que Barack Obama es practicante de la política del soft power, que no pretende someter a los países enemigos de Estados Unidos por la fuerza –como su antecesor- sino que lo hace utilizando métodos más sutiles: apoyando la oposición política del régimen enemigo, utilizando la diplomacia, y otros métodos fuertes –bélicos- pero que no son visibles o tan visibles para la opinión pública –la que tuvo de enemiga George W. Bush-.

El líder es un bacán, es un jefe que da órdenes pero con cheveridad – palabras más, palabras menos-. Sin embargo, en el Nuevo Mundo se necesitan más que jefes bacanes para que funcione el nuevo sistema de convivencia humano basado en la cooperación.

El líder es un exponente del sistema de dominación que ha preponderado en la especie humana hasta ahora; ¿cuál será el rol del líder en el nuevo modelo de convivencia humano basado en la cooperación? Ese precisamente, el de tener un rol y nada más.

El líder en el sistema de convivencia humano basado en la cooperación tendrá que jugar el rol de jefe, pero nada más. ¿Cómo así? Pues sí, el líder no será nada más que un papel, que un oficio, que un cargo, que un servicio, y punto. En la sociedad debe haber alguien que organice, que disponga, que vea todo el bosque para organizar los árboles, pero hasta allí.

Hemos vivido hasta ahora agonizando por una pugna de poderes, la sociedad humana se ha desangrado por culpa de los choques de poder. Las guerras, la miseria, la pobreza, los daños ambientales, son la consecuencia de esos juegos de poder, absurdos, infantiles, irracionales, estúpidos. Los nuevos líderes del Nuevo Mundo serán simplemente unas personas que ejercerán cargos de poder por encargo, por servicio, por utilidad general; no habrá pugnas de poder, ni guerras, ni conflictos, porque la Nueva Humanidad tendrá un valor fundamental sobre el cual se asiente: el de la cooperación y la paz.

El líder del Nuevo Mundo ya no será un jefe que ejerza el soft power, será simplemente un coordinador que ejercerá el power for cooperation. Ya no habrá hard power, ni soft power; solo habrá cooperación, y poder para la cooperación, o cooperación con poder.

En las escuelas de liderazgo, de administración, o como se llamen, ya no se formarán jefes bacanes, sino coordinadores de cooperación, que ejercerán ese rol no para adquirir poder sino para velar por la armonía, la paz, y la prosperidad de todo el grupo, de toda la sociedad, de toda la comunidad. Por eso es necesario que en las escuelas de gobierno, de liderazgo, de administración, se enseñe la cooperación, se enseñen nuevos valores, se inculque el nuevo sistema de convivencia humano.




La plutocracia


Definido como el gobierno de los ricos. “Ploutos” significa riqueza, y “kratos” es gobierno, en griego. La plutocracia es un sistema político que nunca ha estado institucionalizado en el papel, pero sí en la práctica. Me explico; ningún gobierno es capaz de decir: “Aquí mandan los que tienen plata”; no, la plutocracia nunca ha estado formalizada, salvo en los regímenes donde los monarcas también eran los más adinerados.

La plutocracia en la antigüedad era lo normal; las familias nobles, las que tenían más poder, eran los amos y señores de su reino o de su imperio. Sin embargo, hay que aceptar que el concepto de riqueza ha cambiado desde hace varios siglos. En las primeras sociedades humanas la riqueza estaba ligada al poder físico, a quien tenía la destreza de cazar, a quien podía mandar sobre los demás debido a su fortaleza fisiológica. Esa era la riqueza. Esos eran los plutócratas de los primeros grupos humanos: los musculosos.

Posteriormente, las familias nobles que habían conseguido el poder debido a sus cualidades físicas, se aliaron con los chamanes y sacerdotes de su tribu o de su clan, y con ellos forjaron una nueva riqueza: la del engaño, la de la superstición. Los brujos y sabios –que determinaron que cierta familia era la elegida de los dioses para gobernar- entraron a formar parte de lo que se llamaría como: la clase dirigente. Los grupos religiosos también entraron a ser parte de la clase poderosa, de la plutocracia.

Con el paso del tiempo, los poderosos empezaron a acumular bienes; como tierras, metales preciosos, animales, cultivos, casas, castillos, palacios, etc. Las familias monárquicas contaban con el apoyo de los religiosos para justificar su poder; pero, también empezaron a tener otros elementos para sustentar su posición: se adueñaron de los medios de producción económica, en especial, de la tierra.

Al finalizar la Edad Media, y al inicio de la Era Moderna, la riqueza estaba basada en la cantidad de tierra que tuviera una persona. Obviamente, las familias nobles habían logrado hacerse con muchos terrenos, y eran los grandes latifundistas de sus países. Sin embargo, una nueva clase social comenzó a surgir: la burguesía.

La burguesía –asentada en centros urbanos llamados burgos- iniciaron una nueva era para la plutocracia: la del comercio y del mercantilismo. La tierra era importante, era signo de poder, pero, con los nuevos inventos y el desarrollo de la ciencia, el intercambio comercial entre ciudades, entre países, y entre imperios adquirió gran preponderancia. Los burgueses empezaron a acumular riqueza.

Con la Era Moderna, también llegó un nuevo invento: el dinero. Hasta ese momento, el intercambio de mercancías se hacía a través de metales preciosos como el oro, la plata, o de especias como la sal. Sin embargo, a los burgueses se les ocurrió imprimir papel que podría ser cambiado por metales preciosos para agilizar el comercio. Los títulos valores ya habían sido utilizados en la Edad Media por la Orden de los Templarios. Quien viajaba a Tierra Santa (Jerusalén y Palestina) podía confiar sus bienes en los castillos que tenía la Orden durante todo el trayecto desde Europa. En los castillos se expedían unos documentos que el viajero podía cambiar en cualquier otro punto del viaje, y obtener oro y plata. Fue el inicio del sistema financiero.

Era obvio, dos clases sociales comenzaron una pugna por el poder. Los burgueses y la monarquía. Los burgueses tenían riqueza: dinero, metales preciosos, bienes muebles, artesanías, etc. Los monarcas también tenían riqueza: bienes inmuebles, fincas, palacios, castillos, y el apoyo del clero. ¿Qué ocurrió? Una guerra entre plutócratas; la Revolución francesa fue el primer resquebrajamiento del antiguo sistema. El resultado de este enfrentamiento es conocido: los burgueses se hicieron con el poder, e implantaron un sistema de gobierno basado en elecciones democráticas.

Las monarquías no fueron suspendidas del todo; las familias aristocráticas también se aliaron con los burgueses y llegaron a un acuerdo amistoso, ¿el resultado? Las monarquías constitucionales. ¿Quiénes empezaron a mandar en el mundo? Los banqueros.
La plutocracia moderna ha basado su poder en el dinero. En el papel el sistema político preponderante es la democracia, sin embargo, no nos digamos mentiras, la financiación de las campañas, los lobbies políticos, los think thanks (grupos de pensamiento), y en general, los partidos son financiados por quienes detentan el dinero, por los plutócratas; ellos son los que determinan quién gana o quién pierde una elección a través del apoyo económico que le brindan a tal o cual candidato.

Otro tipo de plutocracia surgió a principios del siglo XX: la plutocracia partidista. Los señores Marx y Lenin pensaron que todo el problema de la historia era la lucha de clases. Por lo tanto, decidieron poner a la clase trabajadora en el poder. ¿Lo consiguieron? Pues no, lo que lograron fue colocar a los dirigentes de un partido político en el poder, que se amarraran a ese poder, y que se atornillaran en la silla. Ese sistema colapsó antes de finalizar el siglo XX. Todavía quedan resquicios de eso en algunos países (Cuba, Corea del Norte, y otros).

Al comenzar el siglo XXI la plutocracia está vigente. Los que tienen el dinero tienen el poder. Sin embargo, hay un hecho que ha provocado que el sistema se desequilibre: la artificialidad del medio de intercambio. El dinero no es más que papel con un valor subjetivo, incluso, ya ni siquiera es papel, es un número en un computador. Los plutócratas han tenido varios sustos, uno de ellos ocurrió en 1929 cuando se cayó la bolsa de valores de Nueva York; la otra ocurrió en 2008, cuando la bolsa de esta ciudad volvió a desbarajustarse.

Los plutócratas saben que el sistema puede caerse nuevamente, que es frágil. ¿Cuál es la solución? Ya la diagnosticaron: el poder tecnológico. El mundo ha llegado a unos niveles de sofisticación informática increíbles, por lo tanto, los plutócratas saben que es imprescindible el uso de la tecnología para mantener su poder. La plutocracia tecnológica es el nuevo camino que nos quieren imponer a través del denominado soft power o poder suave; que la gente dependa de la tecnología, que la utilice para todo; en el entretanto, los plutócratas se adueñan de las empresas de informática, y los gobiernos –al servicio de los plutócratas- imponen condiciones y se apoderan de esa tecnología.

¿La plutocracia es el camino para la humanidad? ¿Es el mejor gobierno? Creo que no, no lo ha sido. Hoy en día, la plutocracia solo ha dejado guerras, hambre, pobreza, pandemias, calentamiento global, terrorismo, delincuencia, inmoralidad, etc, etc. En el nuevo milenio debe darse el comienzo de una verdadera democracia.

La democracia, “el gobierno del pueblo, para el pueblo, y por el pueblo” como la definía Lincoln, es el único camino para imponer un sistema basado en la cooperación. Hasta ahora lo que ha predominado es la plutocracia; un sistema que le ha servido al sistema de dominación humano.

El reto para las nuevas generaciones es desarrollar e imponer la democracia en el mundo. Un gobierno para todos, no solo para los que detentan las riquezas. Hay que buscar un cambio de conciencia; espiritual, social, y política. ¿Cómo lo vamos a hacer? Pacíficamente, a través del arma más poderosa: la mente.


¿Es irreversible la globalización?


Muy pocas personas saben a ciencia cierta el concepto de globalización. Algunos confunden este término con el de internacionalización. Dado que hay un fenómeno de avance en las comunicaciones y de interdependencia comunicacional y cultural entre los Estados; se piensa que esto es globalización. No, la globalización no significa que yo pueda ver un video de Luis Miguel –el cantante- en mi computador personal, o que los libros de J.K Rowling se puedan leer en la China. Si bien es cierto hay un proceso de internacionalización –mayor interacción entre los Estados-, y de intercambio cultural –debido al avance de las comunicaciones-, esto no lo podemos catalogar como globalización.

¿Qué es entonces la globalización? ¿Es irreversible? Los primeros que hablaron de globalización fueron los Caballeros Templarios. Querían que Europa se convirtiera en un solo Estado, en una estructura política compleja. Con el Tratado de Maastricht se logró en parte este anhelo que llevó a la creación de la Unión Europea. Sin embargo, el proceso de globalización no es más que un concepto político con connotaciones económicas, sociales, y hasta culturales. La globalización es un fenómeno de concentración de poder, debido a la evolución de la especie humana. El sistema financiero internacional ha permitido que esa concentración de poder sea una realidad. Los Estados nacionales han decrecido en importancia, porque la soberanía popular ha cedido espacio a la sinarquía de los dueños del dinero. El sistema financiero no está supeditado a las fronteras nacionales, el capital es cosmopolita, es transnacional. Debido a lo anterior, los dueños de ese capital internacional pueden competir con los dueños del capital nacional en condiciones de desventaja, a favor de los primeros obviamente. Es el pez grande que se come al chico.

Este proceso de concentración de poder es el resultado del sistema de convivencia humano basado en el control y en la sumisión. Los dueños del dinero han aglutinado más poder en torno a ellos, y han podido dejar competidores relegados a una posición secundaria. La globalización se recrudece con el paso del tiempo. ¿Es un fenómeno irreversible que podrá deternerse? ¿La plutocracia internacional tendrá freno en algún momento?

A simple vista podemos decir que no. El consenso general es que este fenómeno no tiene vuelta de hoja. Los dueños del dinero utilizan su poder para acumular más poder y más dinero, los sistemas políticos –en apariencia democráticos- no pueden hacer nada frente al avance de la sinarquía financiera. Ellos acomodan las leyes nacionales a su conveniencia, y hacen que los Estados firmen tratados internacionales para derrumbar barreras que impidan avanzar en este sentido. Desde un punto de vista político, económico, y social, no se puede hacer nada, ellos tienen el sartén por el mango, y la globalización promete generar un nuevo orden internacional donde la sinarquía financiera gobierne entre bambalinas a su antojo. Sin embargo, la historia no ha llegado a su final, y la globalización tiene un enemigo muy poderoso: la libertad humana.

Los humanos como especie han generado este proceso, y como miembros de esta especie también la pueden reversar. El sistema de convivencia humano basado en el control y en la sumisión está haciendo agua; las crisis globales que han facilitado el avance del poder financiero internacional también, paradójicamente, han hecho temblar este mismo poder financiero internacional. El sistema de poder basado en el dinero, y en la especulación bursátil, han llegado a una sin salida: la realidad no puede ser bloqueada por la entelequia. La economía no puede depender de suposiciones, de creaciones artificiales, y de frágiles consensos, porque lo que está en juego es la supervivencia. El terrorismo, las pandemias, el hambre, la pobreza, el calentamiento del planeta, han llevado a la misma especie a reflexionar en un nuevo modelo de convivencia, uno que no se base en el control y en la sumisión sino en la cooperación. La globalización llegará a los extremos esperados, hasta que termine convertida en un amplio campo de acción individual con perspectivas colectivas. La especie humana ha sido desviada en su esencia, sin embargo, volverá a recuperar su naturaleza esencial cuando las cosas no salgan tan bien en ese proceso globalizador. Ya no serán los Estados los que se enfrenten unos contra otros, ni los partidos políticos, ni los sistemas económicos, serán los hombres los que terminarán decidiendo; y decidir implica ejercer la libertad. Desde esta perspectiva la globalización no es irreversible, sin embargo, los que tienen el sartén por el mango han hecho ver a los demás que sí. Han subestimado a sus congéneres, y ése ha sido su talón de Aquiles.