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Amor a Colombia



Francisco Bermúdez Guerra


Escribo estas palabras un día después de conocerse el resultado electoral de segunda vuelta presidencial. Euforia y alegría por un lado, y tristeza y rabia en el otro bando. Obviamente yo opté por una de las dos opciones que estaban en la carrera por la presidencia, hoy ya no importa, eso ya es del pasado. Colombia tiene un nuevo presidente que se posesionará el 7 de agosto de 2018.

La política siempre divide, genera emociones extremas, porque cada quien tiene su propia visión sobre la realidad y sobre cómo lo afecta, de allí el entusiasmo que genera una campaña electoral. Entrar en la política nunca ha sido una opción de vida para mí, no tengo las características de personalidad que se requieren para ser político, pero eso no significa que no respalde unas ideas que creo son las más convenientes para que se gobierne o funcione una comunidad.

La libertad, la democracia, el respeto por las minorías, el cuidado del medio ambiente y de los animales, y la implantación de un sistema de convivencia humana basado en la cooperación son algunas de esas ideas que creo deben animar el funcionamiento de la sociedad, y en especial el de mi país: Colombia.

Insultar, ofender, entrar en discordia con nuestros amigos, con nuestros compañeros de estudios o de trabajo, con nuestros familiares, o con desconocidos, no tiene sentido. La confrontación no trae nada bueno, nadie gana y todos pierden. Entonces, ¿cómo difundir esos ideales? De manera respetuosa, a veces indirecta, e incluso de forma creativa. El arte es una buena herramienta de transmitir ideas sin violentar al receptor de estas; otra forma es explicando racionalmente y de manera lógica muchos de los pensamientos que se tienen sobre la realidad, con desapasionamiento.

¿Qué ocurre cuando los políticos y los gobernantes implantan en la sociedad medidas contrarias a esos ideales? Pues, muchos dirán que resignación, otros dirán que resistencia, otros dirán que oposición. Yo digo que paciencia y calma. La transformación de la conciencia de una nación, de un país, de una sociedad, puede durar décadas, generaciones, e incluso siglos. Tiene que ver con la experimentación de la aplicación de medidas equivocadas en la realidad y el sufrimiento en carne propia de sus efectos, solo así se aprende; así lo han comprendido todos los pueblos civilizados del mundo: equivocándose.

Yo por mi parte, como loco y voz en el desierto, seguiré pregonando lo que pienso, utilizando estos medios de comunicación con amor, con tolerancia, con voluntad positiva, y sobre todo, tratando con armonía de exponer lo que yo creo sobre lo que debe ser una comunidad bien conducida. Ese es mi punto de vista, y por lo tanto, es subjetivo. Sin emabrgo, eso puede suscitar en pocos o en muchos una reflexión, y eso puede llevar a corto, mediano o largo plazo un cambio de conciencia, si es que estas ideas en realidad son las adecuadas.

A través de estos medios de comunicación: blogs, escritos, libros, artículos, videos, he expuesto mi concepción de la realidad, que únicamente están liberados en la Internet para que sirvan como objeto de meditación, de reflexión, de sana discusión, de pensamiento, y no como un medio para hacer proselitismo o para violentar la opinión y las ideas de los demás. Porque cada quien vive su vida como puede, como quiere y como cree que debe vivir; cada persona en su forma de pensar merece respeto. Todo sea por amor a la humanidad, a los demás, a uno mismo y a mi país, en este caso a Colombia.

Gracias para los que se tomaron el tiempo de leer estas líneas.


Democracia real y democracia virtual


¿Cuál es el mejor sistema político? Esta pregunta ronda las mentes de los filósofos del poder desde épocas milenarias, desde los griegos, pasando por santo Tomás de Aquino, los racionalistas europeos, los liberales, etc. ¿Cuál es el sistema político que asegura mayor bienestar para todos los ciudadanos de una Nación? ¿La democracia?

Hay dos frases célebres, de dos personajes célebres, acerca de la democracia. Una es de Lincoln, que dice: “La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. La otra se le atribuye a Winston Churchill, y dice: “La democracia es el peor sistema político con la excepción de todos los demás.”

Hoy en día, por lo menos en Occidente, estamos de acuerdo con que la democracia es el menos malo de todos los sistemas políticos, y por eso está incluida en todas las constituciones civilizadas del mundo. Le democracia tiene mil defectos pero por los menos es el más presentable de todos los sistemas de poder.

Sin embargo, y no estoy descubriendo que el agua moja, la democracia genera varias suspicacias entre muchos poderosos, o entre los poderosos; entre aquellos que detentan realmente el poder en un mundo capitalista –e incluso en el socialista-.

La democracia es como un mal menor para muchos. ¿Por qué? Porque es el sistema –que en teoría- asegura que la gente se sienta conforme, que la gente no se subleve, que la gente no se enfurezca. Si hay malos gobernantes es porque ustedes –el pueblo- los eligieron, afirman los poderosos.

Si en una dictadura, o en una monarquía absoluta, o en una aristocracia, hay hambre o injusticia, pues el pueblo se siente legitimado para entrar a protestar de manera violenta, porque ellos –los poderosos- están pasándose de la raya. Recordemos la Revolución francesa como ejemplo práctico de lo que he dicho hasta ahora. En la Francia de Luis XVI y de María Antonieta, el pueblo creyó prudente enviar a los reyes a la guillotina por no pensar en ellos, por dejarlos morir de inanición, de miseria.

En la democracia esto es más complejo porque el pueblo es el que elige, y si elige mal pues… aguántense. Ahí está la treta de los poderosos en las actuales condiciones, en los actuales tiempos. En un modelo capitalista de libre mercado hay algunos que acumulan mucho y otros que no tienen nada. Eso es de sentido común. El problema del capitalismo es la acumulación, la desigualdad, la injusticia, el desbalance entre los ricos y los pobres. Al capitalismo le está pasando lo mismo que a la democracia: es un sistema horrible, pero es preferible que el temido socialismo.

En este mundo que vivimos la democracia está incluida en todas las constituciones de los Estados civilizados –como ya dije-, sin embargo, esa democracia real, esa democracia donde todos tienen posibilidades, donde todos pueden asegurar una vida digna, es irreal, no existe. O mejor dicho, existe pero solo en el papel, en teoría.

Como lo ha denunciado el profesor Noam Chomsky en Estados Unidos, la democracia que tenemos en Occidente es una democracia “comprable”, es una democracia que -como todo en el capitalismo- está sujeta a las leyes del mercado, y por lo tanto solo los más poderosos la pueden adquirir para satisfacer sus propios intereses.

Digamos que lo que tenemos realmente es una democracia virtual, una democracia donde en teoría el pueblo es el que elige a sus gobernantes. ¿El pueblo elige realmente a sus gobernantes? ¡Claro! ¡En las elecciones! Sin embargo, esas elecciones donde libremente se escogen a los gobernantes realmente no son tan libres. ¿Por qué? A nadie lo obligan a ir a votar –por lo menos mayoritariamente-, pero, los candidatos que aparecen con mayor opción para ganar son aquellos que han sido apoyados por los poderosos. Mejor dicho, aquellos candidatos que tienen más recursos económicos para sus campañas son aquellos que aparecen con mayor opción para ganar, y son aquellos que son votados por el público en general.

Los poderosos se valen de la libertad del capitalismo y de la democracia para elegir a los gobernantes que protegen sus intereses. El pueblo raso termina siendo un idiota útil de todo esto. El show de la democracia termina siendo solo eso: un show.

Mientras tanto, el pueblo sigue pasando penurias: hambre, injusticia, corrupción, terrorismo, delincuencia, desempleo, etc. Sin embargo, como fueron ellos los que “eligieron” en teoría a sus gobernantes pues no hay forma de protestar, de pedir un cambio contundente. Los poderosos simplemente ríen, se frotan las manos y afirman: “Esa es la democracia”. 

Las cárceles


La sanción penal, nos enseñan los especialistas, tiene varios objetivos. Por un lado, es punitiva, esto es, que es un castigo, que es como una especie de venganza, o vindicta, como dirían los romanos. De hecho, la sanción penal –como castigo punitivo- se deriva de la antigua ley del Talión: “Ojo por ojo, diente por diente”. Sin embargo, desde la Revolución francesa la sanción penal ha adquirido otros objetivos o matices, su naturaleza se ha ampliado; esto es, que ya no solo tiene como finalidad “vengarse” o castigar al culpable de un delito, sino que ha adquirido otras funciones más prácticas y humanas como las de disuadir y resocializar al delincuente.

En general, en el mundo occidental el castigo penal habitual es la pérdida de la libertad, ir a una cárcel. La responsabilidad penal tiene como finalidad proteger los bienes jurídicos más preciados por la sociedad. El castigo o sanción penal, entonces, es el más gravoso dentro de los distintos tipos de corrección que puede llevar a cabo la sociedad contra un individuo. Sin embargo, en otros países no es así todavía, la pena de muerte es aplicada aún en Oriente y en Estados Unidos, convirtiéndose allí en la sanción más gravosa, más delicada.

Las cárceles son los lugares destinados a que los sancionados con pena privativa de la libertad cumplan su pena allí. Por un lado, se castiga al delincuente; por otro lado, se disuade al resto de la sociedad de cometer delitos; pero también, se busca rehabilitar al convicto, reformarlo, insertarlo de nuevo en la sociedad. Aunque, cuando se impone la cadena perpetua, este último objetivo queda totalmente desvirtuado.

Muchos piensan que el derecho penal no sirve, que es inocuo, que es irracional; sin embargo, yo creo que esta es una postura extrema que se basa exclusivamente en las razones que llevan a cometer un crimen: pobreza, desequilibrios psicológicos, mala educación, tendencia al delito, inmoralidad, etc. Los abolicionistas del derecho penal piensan que deben subsanarse principalmente las razones que dan lugar al delito, y dejar en el olvido o proscribir el castigo porque es una solución demasiado violenta, anacrónica o inútil.

Hoy en día, como ya dijimos, la pena tiene estos tres objetivos: castigar, disuadir y resocializar. Sin embargo, las cárceles –en su gran mayoría- no están cumpliendo con esta última finalidad: la de resocializar. ¿Cuántas veces hemos escuchado en los medios de comunicación que los establecimientos penitenciarios son universidades del crimen? ¿Que los criminales menores que entran a la cárceles, al salir de estas, terminan convertidos en doctores del delito? ¿Que en las cárceles también se delinque? ¿Que las cárceles en Colombia están atestadas de gente? ¿Que en las cárceles se irrespetan los derechos humanos de los internos?

Es verdad que quienes van a estos lugares han cometido un error, y que en ciertos casos pueden ser errores graves o muy delicados. La sociedad necesita castigar a estas personas; de paso disuadir al resto de la gente para que no cometa esos mismos errores, y adicionalmente, tratar de reformar al delincuente para que cuando salga a la libertad sea una persona de bien. Las cárceles no pueden ser centros vacacionales o recreativos, eso lo tenemos claro, pero tampoco pueden ser establecimientos donde se amplifique el dolor y el padecimiento humano.

Dentro de la política criminal de los Estados debe establecerse claramente un objetivo: que cualquier persona que entre en una cárcel debe ser tratada con respeto y dignidad, y que cuando salga de esta debe ser otra persona desde un punto de vista moral. Las cárceles son el reflejo de la sociedad, si una comunidad está enferma la cárcel mostrará este aspecto de la misma forma; en Colombia, por ejemplo, el hacinamiento carcelario es excesivo; eso ocurre porque hay muy poquitas cárceles, y porque las sanciones penales generalmente consisten en pena privativa de la libertad. Sin embargo, es verdad que el Estado y la sociedad, en general, deben bregar por anular las causas del delito y no por concentrarse en su castigo.

¿Qué lleva a una persona a cometer un delito? Los criminalistas han respondido desde distintas posturas históricamente. Unos dicen que se debe a una tendencia genética –el criminal nato-; otros atribuyen la causa del delito a deficiencias culturales, educativas y morales; y otros sencillamente le atribuyen a la pobreza ser la principal causante de la delincuencia. Como ya dije, el Estado debe concentrarse en anular estas causas, en generar una política criminal de prevención y no en simplemente castigar; y por último, en humanizar los establecimientos penitenciarios.

Perder la libertad ya de por sí es grave, delicado; y si a eso le sumamos estar sometido a una tortura debido a las condiciones del castigo, pues la pena se convierte en un infierno, lo cual es inhumano. Estas personas no solo no terminan resocializadas, al salir de la prisión, sino que llegan a ser verdaderos expertos en el crimen.

La sociedad debe preocuparse un poco más por estas personas que están privadas de su libertad. Debe concentrarse en destruir las razones que llevan a una persona a cometer un delito, e invertir mucho más en la resocialización de los delincuentes. Es un tema de humanidad, de compasión, de moral, de progreso.
   

El poder según “House of cards”





Francisco Bermúdez Guerra


Desde hace muchos años no veía series de televisión. Creo que la última que vi, en serio, fue “ALF” por allá en los 80s. Después, la televisión quedó relegada a un segundo plano en cuanto a mis planes recreativos y de distracción. Prefería leer un libro, escribir, caminar, escuchar radio, lo que fuera; la televisión pasó a un segundo plano en mi vida. Tal vez porque cuando era niño vi mucha televisión y quedé estragado.

A principios de la actual década mi exnovia me recomendó ver “The big bang theory”; una serie súper cómica que describe la vida de unos geniecitos y la de su sexy vecina rubia (Penny). Me volví adicto a ver esta serie, me encanta.

Posteriormente, y como ya lo relaté en otro artículo, debido a que en Colombia nos dio por sacar la versión criolla de “Breaking bad” decidí ver todas las temporadas de esta serie –la original- de un tacazo. Ya comenté y di mi punto de vista sobre este programa que me pareció excelente, aunque tiene muchos lugares oscuros desde el punto de vista moral.

También me vi enterita “Game of thrones” que es lo mismo que “El señor de los anillos”, salvo que en la primera hay un ingrediente erótico –por no decir que porno- bastante protuberante. También me ha gustado “Game of thrones”, estoy esperando la continuación de la misma en el 2016.

Después de verme todas estas series, caí en los brazos de “House of cards”. Este programa narra la vida de un político sin escrúpulos, sin moral, sin límites éticos, como lo es Francis Underwood, magistralmente interpretado por el ganador del Óscar Kevin Spacey. En “House of cards” se nos muestra todo ese juego de poder –en este caso el político-, desde una perspectiva maquiavélica, y cuando digo maquiavélica me refiero desde la postura del florentino que hizo una serie de recomendaciones políticas a Lorenzo de Médicis en el libro “El príncipe”.

“House of cards” narra ese ascenso de Underwood, desde el puesto de jefe de la bancada del partido Demócrata en la Cámara de Representantes de Estados Unidos hasta convertirse en presidente de la Nación. No creo que le haya dañado la serie a nadie, ya que desde la primera temporada se vislumbra para dónde va el asunto. Lo interesante no son los puestos que logra obtener Underwood sino cómo los obtiene. La mentira, el chantaje, la extorsión, la hipocresía, las falsas promesas, el dinero y hasta el asesinato físico y moral, son los instrumentos que utiliza este político ficticio para ascender y levantarse dentro de la intrincada burocracia de Washington.

Maquiavelo reveló en “El príncipe” que el poder tenía su propia ética, la ratio stato – la llamaba él-, esto quiere decir que el bien –en términos políticos- está ligado a la obtención del mismo y el mal – a perderlo-. Underwood sigue los consejos de Maquiavelo al pie de la letra. A él solo le interesa obtener lo que él quiere, no le importa decir mentiras, extorsionar, negociar, perpetrar crímenes, decir falsedades, etc. 

Underwood es el arquetipo –más no prototipo- del político en su más pura expresión; obviamente –y como todo en la vida- hay buenos, malos y regulares políticos, sin embargo, casi todos incurren en estos pecadillos para llegar a donde quieren llegar, porque el poder político es así, se necesita ser sagaz, astuto, para obtenerlo; un místico, un santurrón, un poeta, no tienen nada que hacer frente a los halcones que se pelean por un cargo público importante; para llegar allí hay que ser como aconsejó Maquiavelo. El que quiera dedicarse al bien –hablando moralmente- tendría que refugiarse en un monasterio, en un templo de meditación y de oración, o dedicarse a componer poemas en su casa; porque si quiere llegar a la cumbre del poder en la sociedad tiene que incurrir en muchos pecadillos que van contra el Bien universal.

No digo que todos los políticos sean inmorales o indecentes, no, también hay gente buena. Sin embargo, esos buenos son una minoría exigua, y casi siempre terminan relegados a cargos secundarios o son asesinados como le ha ocurrido a muchos. 

“House of cards” describe esto con frialdad, sin anestesia, sin atenuantes. ¿Le gusta la política? Pues esto es la política mi querido amigo, si le gusta, así debe comportarse. Ese sería el lema del programa, que más que una simple distracción es un manual al estilo maquiavélico de cómo ascender en el poder, en el poder político. Recomiendo ver esta serie para que todos reflexionemos sobre el sistema de convivencia humano que tenemos, ya que el sistema de dominación está ligado a este tipo de prácticas inveteradas.


Foto: https://www.netflix.com/co/title/70178217


http://juridicofbermudezg.blogspot.com
       

Proyecto Arikayasis: ideas para una nueva humanidad




¿Qué es Arikayasis? Es una novela que escribí hace dos años; está referida a una espada mágica, que a manera de Excálibur en la mitología arturiana, concede poderes sobrenaturales a quien la posee. La espada representa el poder del pensamiento, de las ideas, de cómo la mente puede ser utilizada para el bien y la justicia o para el mal, la crueldad y la inhumanidad.

Precisamente así bautizamos a nuestro proyecto, como Arikayasis. Para denotar ese compromiso con una nueva forma de pensamiento, con unas nuevas ideas que no solo están empezando a germinar en una o en algunas personas, sino que  realmente se han convertido como en una especie de pandemia, pero positiva. Mucha gente en el Planeta está preocupada por el futuro de la raza humana, de lo que vendrá para las próximas generaciones e incluso por lo que le pueda pasar a nuestra especie en los próximos años.

En Proyecto Arikayasis queremos hacer propuestas, reflexiones sobre todos estos temas, en diferentes ámbitos del conocimiento. No solo en la política, en la economía, o en la filosofía, sino también en el arte, en la cultura, está presente nuestro proyecto.

Creemos que el verdadero problema de la humanidad está esencialmente en el tipo de valores que protege. Si seguimos pensando que el lucro personal, que el egoísmo, y que el individualismo van a cambiar nuestra sociedad, pues estamos muy equivocados. De hecho, esas ideas anacrónicas son las que están acabando con nuestra especie a través de las guerras, del hambre, del terrorismo, de la injusticia, de las enfermedades incurables.

En Proyecto Arikayasis hemos propuesto nuevas visiones de temas recurrentes, que pueden o no ser compartidas por los demás; sin embargo, lo que queremos es eso, que haya reflexión, que haya discusión.

Los invitamos entonces a participar en este proyecto, a visitar nuestra página web y a enviarnos sus propuestas, sus comentarios, sus inquietudes; y que todo sea por el advenimiento de una nueva humanidad.  


Página web: http://fbermudezg.wix.com/proyectoarikayasis   

Cuenta de Twitter: http://twitter.com/PArikayasis

¿Por qué no soy, ni seré político?


Aristóteles en su célebre libro La política afirmaba que todo hombre tenía una naturaleza política, y que si no lo era se debía a que se trataba de un imbécil o de un ermitaño. Sin embargo, es justo tener en cuenta que el filósofo griego se refería a la vocación pública del hombre y no a la profesión de político.

Hoy en día la política se ha convertido en una transacción de lo público con fines particulares; ya no es el arte de gobernar en interés general. La política se ha corrompido, se ha degradado, y solo ha quedado como una ocupación de comerciantes electoreros.

Hay buenos políticos, también es justo decirlo, pero la mayoría de quienes ingresan en ese mundo actualmente lo hacen para saciar su sed megalómana, y para enriquecer sus bolsillos. El arte de gobernar en interés general solo ha quedado en el papel, en el mundo de las ideas, del deber ser.

La democracia necesita de los políticos, pero se ha vuelto al revés, los políticos se benefician de la democracia. Todo se ha vuelto un negocio de transacciones, de electorerismo en grado sumo. No me atrae ese mundo, para nada.

¿Tiene la culpa el sistema político imperante? ¿La democracia? No lo creo, aunque sí es verdad que los gobernantes son un reflejo de quienes votan por ellos. La democracia permite el autogobierno, y que las personas decidan por su futuro ellas mismas. La democracia es un sistema con defectos obviamente, pero es el mejor sistema para garantizar la libertad de manera institucionalizada.

Para garantizar un mejor funcionamiento de este sistema es necesario asegurar que los gobernados cuenten con una mejor cultura política, con una mejor cultura de lo público, y con una mejor cultura democrática basada en valores positivos. Si no se trabaja en ello la política seguirá corrompiéndose cada día más hasta volverse un simple ejercicio de mercaderes del voto.

En estas condiciones no me atrae la política, no me interesa ser político, creo que soy más útil desde estas esferas, y desde estas trincheras. Accionando sobre el pensamiento, sobre la opinión. Algún día volveremos a ver ese ejercicio noble de lo público, cuando haya una mejor conciencia política. Dar ese salto a la dictadura porque la democracia no sirve, es peor; es un suicidio que toca evitar.

La plutocracia


Definido como el gobierno de los ricos. “Ploutos” significa riqueza, y “kratos” es gobierno, en griego. La plutocracia es un sistema político que nunca ha estado institucionalizado en el papel, pero sí en la práctica. Me explico; ningún gobierno es capaz de decir: “Aquí mandan los que tienen plata”; no, la plutocracia nunca ha estado formalizada, salvo en los regímenes donde los monarcas también eran los más adinerados.

La plutocracia en la antigüedad era lo normal; las familias nobles, las que tenían más poder, eran los amos y señores de su reino o de su imperio. Sin embargo, hay que aceptar que el concepto de riqueza ha cambiado desde hace varios siglos. En las primeras sociedades humanas la riqueza estaba ligada al poder físico, a quien tenía la destreza de cazar, a quien podía mandar sobre los demás debido a su fortaleza fisiológica. Esa era la riqueza. Esos eran los plutócratas de los primeros grupos humanos: los musculosos.

Posteriormente, las familias nobles que habían conseguido el poder debido a sus cualidades físicas, se aliaron con los chamanes y sacerdotes de su tribu o de su clan, y con ellos forjaron una nueva riqueza: la del engaño, la de la superstición. Los brujos y sabios –que determinaron que cierta familia era la elegida de los dioses para gobernar- entraron a formar parte de lo que se llamaría como: la clase dirigente. Los grupos religiosos también entraron a ser parte de la clase poderosa, de la plutocracia.

Con el paso del tiempo, los poderosos empezaron a acumular bienes; como tierras, metales preciosos, animales, cultivos, casas, castillos, palacios, etc. Las familias monárquicas contaban con el apoyo de los religiosos para justificar su poder; pero, también empezaron a tener otros elementos para sustentar su posición: se adueñaron de los medios de producción económica, en especial, de la tierra.

Al finalizar la Edad Media, y al inicio de la Era Moderna, la riqueza estaba basada en la cantidad de tierra que tuviera una persona. Obviamente, las familias nobles habían logrado hacerse con muchos terrenos, y eran los grandes latifundistas de sus países. Sin embargo, una nueva clase social comenzó a surgir: la burguesía.

La burguesía –asentada en centros urbanos llamados burgos- iniciaron una nueva era para la plutocracia: la del comercio y del mercantilismo. La tierra era importante, era signo de poder, pero, con los nuevos inventos y el desarrollo de la ciencia, el intercambio comercial entre ciudades, entre países, y entre imperios adquirió gran preponderancia. Los burgueses empezaron a acumular riqueza.

Con la Era Moderna, también llegó un nuevo invento: el dinero. Hasta ese momento, el intercambio de mercancías se hacía a través de metales preciosos como el oro, la plata, o de especias como la sal. Sin embargo, a los burgueses se les ocurrió imprimir papel que podría ser cambiado por metales preciosos para agilizar el comercio. Los títulos valores ya habían sido utilizados en la Edad Media por la Orden de los Templarios. Quien viajaba a Tierra Santa (Jerusalén y Palestina) podía confiar sus bienes en los castillos que tenía la Orden durante todo el trayecto desde Europa. En los castillos se expedían unos documentos que el viajero podía cambiar en cualquier otro punto del viaje, y obtener oro y plata. Fue el inicio del sistema financiero.

Era obvio, dos clases sociales comenzaron una pugna por el poder. Los burgueses y la monarquía. Los burgueses tenían riqueza: dinero, metales preciosos, bienes muebles, artesanías, etc. Los monarcas también tenían riqueza: bienes inmuebles, fincas, palacios, castillos, y el apoyo del clero. ¿Qué ocurrió? Una guerra entre plutócratas; la Revolución francesa fue el primer resquebrajamiento del antiguo sistema. El resultado de este enfrentamiento es conocido: los burgueses se hicieron con el poder, e implantaron un sistema de gobierno basado en elecciones democráticas.

Las monarquías no fueron suspendidas del todo; las familias aristocráticas también se aliaron con los burgueses y llegaron a un acuerdo amistoso, ¿el resultado? Las monarquías constitucionales. ¿Quiénes empezaron a mandar en el mundo? Los banqueros.
La plutocracia moderna ha basado su poder en el dinero. En el papel el sistema político preponderante es la democracia, sin embargo, no nos digamos mentiras, la financiación de las campañas, los lobbies políticos, los think thanks (grupos de pensamiento), y en general, los partidos son financiados por quienes detentan el dinero, por los plutócratas; ellos son los que determinan quién gana o quién pierde una elección a través del apoyo económico que le brindan a tal o cual candidato.

Otro tipo de plutocracia surgió a principios del siglo XX: la plutocracia partidista. Los señores Marx y Lenin pensaron que todo el problema de la historia era la lucha de clases. Por lo tanto, decidieron poner a la clase trabajadora en el poder. ¿Lo consiguieron? Pues no, lo que lograron fue colocar a los dirigentes de un partido político en el poder, que se amarraran a ese poder, y que se atornillaran en la silla. Ese sistema colapsó antes de finalizar el siglo XX. Todavía quedan resquicios de eso en algunos países (Cuba, Corea del Norte, y otros).

Al comenzar el siglo XXI la plutocracia está vigente. Los que tienen el dinero tienen el poder. Sin embargo, hay un hecho que ha provocado que el sistema se desequilibre: la artificialidad del medio de intercambio. El dinero no es más que papel con un valor subjetivo, incluso, ya ni siquiera es papel, es un número en un computador. Los plutócratas han tenido varios sustos, uno de ellos ocurrió en 1929 cuando se cayó la bolsa de valores de Nueva York; la otra ocurrió en 2008, cuando la bolsa de esta ciudad volvió a desbarajustarse.

Los plutócratas saben que el sistema puede caerse nuevamente, que es frágil. ¿Cuál es la solución? Ya la diagnosticaron: el poder tecnológico. El mundo ha llegado a unos niveles de sofisticación informática increíbles, por lo tanto, los plutócratas saben que es imprescindible el uso de la tecnología para mantener su poder. La plutocracia tecnológica es el nuevo camino que nos quieren imponer a través del denominado soft power o poder suave; que la gente dependa de la tecnología, que la utilice para todo; en el entretanto, los plutócratas se adueñan de las empresas de informática, y los gobiernos –al servicio de los plutócratas- imponen condiciones y se apoderan de esa tecnología.

¿La plutocracia es el camino para la humanidad? ¿Es el mejor gobierno? Creo que no, no lo ha sido. Hoy en día, la plutocracia solo ha dejado guerras, hambre, pobreza, pandemias, calentamiento global, terrorismo, delincuencia, inmoralidad, etc, etc. En el nuevo milenio debe darse el comienzo de una verdadera democracia.

La democracia, “el gobierno del pueblo, para el pueblo, y por el pueblo” como la definía Lincoln, es el único camino para imponer un sistema basado en la cooperación. Hasta ahora lo que ha predominado es la plutocracia; un sistema que le ha servido al sistema de dominación humano.

El reto para las nuevas generaciones es desarrollar e imponer la democracia en el mundo. Un gobierno para todos, no solo para los que detentan las riquezas. Hay que buscar un cambio de conciencia; espiritual, social, y política. ¿Cómo lo vamos a hacer? Pacíficamente, a través del arma más poderosa: la mente.


¿Tendría Platón un blog?

Desde hace rato nos hemos hecho esta pregunta. Me refiero a mis colegas blawggers, y a mí. No soy original en esto, lo confieso. Tal vez nuestro ego "blawggeril" nos lleve a plantearnos esta estupidez de hipótesis. ¿Será que los grandes pensadores de antaño tendrían un blog? Una pregunta inoficiosa porque no tiene respuesta, salvo que recurriéramos a artes psíquicas o parasicológicas.


Sin embargo, desde un punto netamente académico la pregunta podría resultar hasta interesante. Platón, discípulo de Sócrates, recibió en herencia el sistema de debate de su mentor, el de pregunta y respuesta, el sistema socrático, que todavía se emplea en miles de centros educativos del mundo.


Platón y Sócrates era blawgueros sin saberlo, no tenían computadores portátiles, ni conexión a Internet, y tampoco tenían cuenta en Facebook. A pesar de todo, ambos pensadores fueron los pioneros del sistema de debate de los blogs. La web 2.0, donde el autor escribe un artículo, lanza una idea, y otros le responden a través de comentarios, ése fue el sistema que inventó Sócrates, el de pregunta - respuesta - pregunta, el sistema que utilizan los blogs modernos.


Platón, el discípulo de Sócrates, sí se atrevió a escribir, por lo que estamos seguros que este pensador hubiera abierto un blog si hubiera contado con la tecnología disponible. Muy arriesgado lanzar esa hipótesis, que es imposible de probar, aunque por los indicios históricos estamos seguros que Platón era un bloguero en ciernes.


Mi filósofo favorito es Platón, su teoría de la justicia, que para algunos es anacrónica, clasista y hasta descabellada, es para mí lo mejor que se ha escrito sobre este tema. Platón, a contrario sensu de lo que piensa Popper, es el fundador del pensamiento liberal de Occidente. Platón decía que todos los hombres tenemos una tendencia natural hacia lo bueno, lo bello, y lo verdadero, para demostrar eso utilizó el clásico mito de la caverna. Platón, fue el primer pensador de la antigüedad que se preocupó por el tema de la justicia, fue el primer filósofo que se atrevió a lanzar una teoría sobre la construcción de la sociedad, y en general, fue el único filósofo que se atrevió a defender a Sócrates, una vez éste último falleció por causa de la cicuta.


Platón fue el primer bloguero de la humanidad, no tuvo computador portátil, no tuvo conexión a Internet, pero su sistema de debate, era el de un bloguero actual, me atrevo a decir que Platón es el padre de los blogueros, y a él debemos rendirle homenaje. Hoy, en día, cuando la libertad está en peligro, cuando la mediocridad campea, cuando el pensamiento se unifica en torno al servilismo, y cuando las razones útiles se imponen sobre las razones importantes, Platón nos dice algo.


Platón, sí tendría blog, y de hecho lo tuvo, junto a su maestro Sócrates inauguraron el sistema de la pregunta-respuesta-pregunta, el sistema de los blogs modernos, ambos eran blogueros, ambos serían blogueros hoy en día, aunque yo creo que Platón lo sería más que Sócrates, porque al primero sí le gustaba escribir, al segundo no tanto.

El Derecho y la filosofía Zen

¿ Cuál es el sonido que produce una palmada con una sola mano ?
Koan Zen

El Derecho, en su definición más básica, es un conjunto de normas emitidas por el Estado que deben ser obedecidas obligatoriamente por la sociedad. El Zen es una especie de filosofía relacionada con el budismo que busca mostrar a las personas que ya están iluminadas. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Todo. Según una leyenda, Buda se encontraba al lado de una playa cuando vio a unos niños jugar con castillos de arena, los niños se peleaban por los castillos, he incluso cuando uno de ellos destruyó el castillo de otro, fue castigado por todo el grupo, cuando llegó la noche los niños abandonaron los castillos.

Según el Zen, toda la sociedad es una construcción mental, una entelequia, el Derecho no existe en la naturaleza como tal, está en nuestra mente. Hemos construido sociedades, Estados, naciones, a través de normas de conducta, sin embargo, todas esas normas, en virtud del Zen, no son más que creaciones artificiales. La naturaleza funciona a través de un orden, pero no hay un código escrito que determine cuáles son esas normas. Existe la ley de la gravedad, pero no hay un código que lo afirme, el agua moja, pero no hay un código escrito que así lo afirme. A contrario sensu, la conducta humana está escrita en códigos, sin embargo, esas normas no son dictadas por la naturaleza, son dictadas por una autoridad investida de poder por el conjunto de la sociedad.

Para el Zen todas las normas jurídicas son artificiales, como los niños jugando con castillos de arena, los seres humanos nos movemos en la sociedad a partir de reglas creadas por nuestra mente, pero que en la realidad no existen como tal, ya que cuando llega la noche oscura (la muerte puede ser) todo acaba, todas las reglas fenecen, se acaban. Las leyes de la naturaleza no se acaban, no fenecen, porque a pesar de no estar escritas en ningún código, son universales.

Para el Zen, el Derecho es una entelequia, a pesar de estar escrito en la mayoría de los casos no tienen realidad como tal, porque es como un castillo de arena, que depende de un arreglo momentáneo. Al acabarse el juego, se acaba el Derecho, se acaban las normas. Los Zen acatan las normas jurídicas en el Estado donde se encuentran, pero para ellos esas normas son pasajeras, momentáneas, ilusorias. Nosotros, en cambio, le damos una importancia sin igual a ese ordenamiento jurídico, como los niños peleándose por los castillos, los seres humanos aplicamos esas normas con rigor, con severidad, con seriedad, esperando ser recompensados por esa misma sociedad fruto de la entelequia colectiva.

Los Zen nos ponen a reflexionar sobre la utilidad del Derecho, sobre la practicidad de la naturaleza, y sobre la precariedad del poder del hombre sobre el universo, y nuestra aparente grandeza que alimenta nuestros egos efímeros. El Zen es difícil de entender, porque no se puede entender con la mente, se entiende con el corazón, y allí no hay reglas, sólo amor.


Los enemigos de la libertad

Hay un libro del filósofo Karl Popper que se denomina "La sociedad abierta y sus enemigos". En ese libro Popper hace un recuento histórico de los filósofos que han planteado ideas contrarias a la libertad en la sociedad. En ese listado Popper incluye a Platón, por ejemplo, por su sistema de "castas" en la república ideal.

No es mi intención hacer una reseña de ese libro, o criticar la posición de Popper, simplemente creo que la libertad humana ha sido históricamente atacada para propósitos innobles, egoístas, o mezquinos. La tentación de la dominación total siempre ha sido un sueño para varios dictadores, allí se puede incluir a líderes imperiales, empresariales, y hasta filosóficos.

La libertad humana es uno de los requisitos del desarrollo, el ser humano debe ser libre para evolucionar para progresar, sin embargo, esta libertad muchas veces se ha convertido en libertinaje o en esclavización inconsciente. La libertad humana presenta varios puntos de análisis: su restricción, su conveniencia, sus límites. 

El Derecho es el instrumento más efectivo para regular la libertad humana, ha sido el instrumento más utilizado por el poder para regular las acciones de los hombres. Sin embargo, la tentación para dominar a los hombres de manera extrema no es una quimera o una utopía al estilo de las historias de Huxley o de Orwell, es una realidad. Los extremos políticos son los mayores enemigos de la libertad humana, porque unos quieren dominar al hombre para favorecer a una minoría, y los otros quieren despedazar a la libertad en nombre de la igualdad de los hombres. 

La posibilidad de acabar con la libertad del hombre todavía es latente, incluso, la sociedad humana ha llegado a hacer realidad tecnológicamente esta situación. Por lo tanto, es necesario que los pensadores sigan conservando en sus medios de difusión los beneficios de acrecentar y respetar esta libertad para beneficios mutuos o colectivos. Los extremos políticos siempre han traído pobreza y guerras, la libertad es uno de los requisitos para crear prosperidad, por lo tanto, no podemos caer en la tentación de acompañar proyectos políticos que pongan en peligro la libertad humana, todo un reto y toda una acción.    

El juez Batman


Termino acuñado por el compañero blawgger Gonzalo Ramírez. El lo hizo de manera jocosa, burlándose de un post mío sobre el juez Hércules y el juez Terminator (ver aquí ese post). Sin embargo, el término me quedó sonando, y creo que le queda como anillo al dedo a muchos de nuestros administradores de justicia.

El juez Batman es aquel que aplica la ley basándose exclusivamente en sus propios conceptos sobre la ley y el derecho, en pocas palabras, es el juez prevaricador. Sin embargo, al querer imponer sus propios conceptos sobre justicia se lleva por delante el ordenamiento jurídico vigente en su país.

Batman es un superhéroe que combate al mal con sus propios métodos, algunos de ellos violentos y al margen de la ley, eso mismo hacen los jueces Batman, sin embargo, como el superhéroe no lo hacen de manera malintencionada o dolosa, sino porque piensan que le están haciendo un bien a la sociedad con sus actitudes justicieras.

El juez Batman puede crear derecho, pero, es obstinado, caprichoso, y puede caer en la delgada línea del malvado burócrata que hace lo que se le da la gana. La diferencia entre el juez Hércules de Dworkin, el juez Terminator, y el juez Batman, es que el primero administra justicia basándose en los principios jurídicos que rigen en la sociedad, el segundo es una máquina jurídica, y el tercero hace lo que se le da la gana en nombre de la justicia. 

El juez Batman muchas veces piensa que el cargo es suyo, y que el servicio público está para su propios deseos egoístas y ególatras. El juez Batman piensa que está haciendo el bien, pero en realidad, está poniendo en peligro el orden social. No es un servidor desinteresado de la sociedad, es un prevaricador que sufre de esquizofrenia justiciera, muchas veces pensando en su propia individualidad, y en los intereses de su propia personalidad. 

No todos los jueces Batman son malos, hay muchos buenos, como Batman, pero como el superhéroe es un personaje que pone en riesgo el orden público social al llevar a cabo una conducta unilateral en nombre de valores supremos o sublimes, en pocas palabras, se arropa en la bandera de la justicia para pasar por encima del ordenamiento jurídico.

Como el superhéroe, el juez Batman es un peligro para sus sociedades, estar al margen de la ley en nombre de la justicia es peligroso, porque la justicia es subjetiva, o mejor dicho, cada sociedad tiene su propio concepto de justicia y eso se traduce en las leyes que componen su ordernamiento jurídico. El juez Batman es un personaje atrayente por su fines, aunque utiliza métodos poco ortodoxos como pasar por encima de la ley y del ordenamiento jurídico.


La sociedad de los que no piensan como yo, o el reverso angustioso de un mundo abierto

Estar en el mundo para un intolerante es difícil. Las personas tienen muchas opiniones, cada persona es un universo aparte. Respetar las opiniones es fundamental para la convivencia, y la ideología termina siendo un camino peligroso para el librepensador. 

El mundo que antes estaba polarizado durante la guerra fría, ahora está unificado: una sola ideología, el paradigma de Fukuyama. El capitalismo triunfó ante un delirante burocratismo socialista, y todos felices. Todos a trabajar. El pensamiento ya no es pensamiento es técnica, es una herramienta, los centros de formación no forman para pensar sino para actuar, y todo es complejo para el que decide soñar con una utopía.

Muy poético este post, pero es que como decía Julio Cortázar "Si la personalidad humana no adquiere toda su fuerza, toda su potencia, entre las cuales lo lúdico y lo erótico son pulsiones fundamentales, ninguna revolución va a cumplir su camino". Qué razón tenía este escritor, lo erótico y lo lúdico, ya no importan, estamos mercantilizados en el juego aparente de lo serio y lo útil. Bagatela imperante de un mundo sin futuro, ánfora esquizofrénica de un ademán adecuado, holgazán espúreo desequilibrado o quejido invertido de una sola columna. Todo da lo mismo, el lenguaje ya no importa, ya no importan las miradas, ni los sonidos, sólo las acciones, las revoluciones pasaron de moda y ahora los que hacen revolución son los que se dedican a la moda.

Razón tenía mi difunta mamá cuando me dijo antes de morir: "La vida hay que afrontarla como venga", muy sabia era ella, fue mi maestra hasta su último día en este mundo, y cómo no pensar en eso. La vida es para quienes no piensan diferente, para los que piensan como todos, los que se individualizan pierden, pierden todo, pierden hasta su calma, pierden su dicha.

La sociedad de los que no piensan como yo, a esa sociedad quiero pertenecer, para debatir, para vivir, para demostrar que estoy equivocado, o que estoy en lo correcto, da lo mismo, miserable espera de una efímera compasión, dulce agotado en un trago amargo por un amor. Sigue el lenguaje, es lo único que tenemos los librepensadores.

Reverso angustioso de un mundo libre, es un mundo encarcelado por su propia intolerancia, por su propia falta de libertad y de compasión. Segmento decadente de una fotografía en blanco. Vuelvo al lenguaje, que es lo único que nos salva. Gracias por el agua, y por el viento. Gracias por no pensar como yo. Gracias por ser diferente. El reverso de un mundo atrofiado por su propia falta de tolerancia. 

Escribo en un blog jurídico para que los lectores simplemente lean, y hasta piensen, o piensen o lean al mismo tiempo, o primero lean y después piensen. Me gusta que los lectores primero lean y después piensen, a todos los escritores nos gusta eso, ¿pero qué pasa si después de leernos no piensan nada los lectores? Eso angustia, me angustia mucho, porque les he creado un vacío, les he creado una paradoja en su mente que no tiene solución, y para algunos eso es un triunfo, yo quiero crear pensamiento, pero mis escritos generan vacíos, ¡qué pereza! Ahora debo seguir escribiendo, para que la primavera que nunca he visto no me oiga, y para que el verano me seduzca. 

En un blog jurídico me he convertido, quisiera poner un blog de cocina, pero es que no sé cocinar, y no quiero improvisar, quiero que me aprueben. Y hoy compruebo, que soy intolerante, no con los demás, sino conmigo mismo, no aguanto ver escritas cosas sin sentido en mis blogs, y es que todo debe tener sentido, o para qué escribir.

Y como decía Voltaire: "No comparto lo que usted dice, pero daría toda mi vida para que lo dijera".