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El Ministro de la Presidencia


El 7 de agosto de 2014, Juan Manuel Santos se posesionó nuevamente como presidente de Colombia, para el período 2014-2018. Dentro de los cambios que ha llevado a cabo en estos pocos días de su nuevo mandato se destaca el de haber creado el Ministerio de la Presidencia.

En la estructura de la rama ejecutiva a nivel nacional, había un departamento administrativo que llamaba la atención: el de la Presidencia. Un ente gubernamental que funcionaba al interior de la presidencia de la República y que tenía como función el manejo logístico y de recursos de la Casa de Nariño. El presidente manda en todo el país, pero no totalmente en su propio despacho, según lo establecía la Ley. El cargo de director del departamento administrativo de la Presidencia de la República o secretario general de la Presidencia, era un puesto netamente auxiliar, asistencial, o como su nombre lo dice: administrativo.

En otros países del mundo como Venezuela o Perú, el Ministerio de la Presidencia tiene una función más allá de lo administrativo, ya que tiene responsabilidades políticas. Es probable que Juan Manuel Santos quiera darle este sentido al nuevo ministerio que operará al interior de la Casa de Nariño; no quiere un simple “secretario” o “jefe operativo”, quiere a alguien con rango político que le dé una mayor coordinación a ciertos proyectos prioritarios dentro de su nuevo cuatrienio presidencial.

Para tal efecto, Santos designó a Néstor Humberto Martínez Neira para ocupar este cargo. Martínez es un destacado jurista y profesor, que ya ha ocupado altas dignidades en el Estado como ministro del interior y de justicia, superintendente bancario y miembro de la junta directiva del Banco de la República. Martínez se ha convertido en una de las voces que más escucha el Presidente, según se dice en los pasillos de la Casa de Nariño; él ya venía asesorando a Santos en varias políticas gubernamentales.

Obviamente, y es lógico, que el Presidente quiera darle un perfil más político a este despacho, quiere dotarlo de superpoderes, quiere volverlo un superministro. Sin embargo, la pregunta es esta: ¿Era necesario crear un ministerio de la Presidencia? En años anteriores, durante los gobiernos de Virgilio Barco, Ernesto Samper y Andrés Pastrana, el secretario de la Presidencia era un verdadero superministro, con competencias que iban más allá de lo logístico o de lo administrativo. Recordemos a don Germán Montoya durante la presidencia de Barco; quien, según se especulaba, era una especie de hombre fuerte detrás del telón. Todo lo que hacía Barco primero pasaba por un tamiz, el de la aprobación de Montoya. Samper también tuvo secretarios de Presidencia importantes como José Antonio Vargas Lleras, por ejemplo. Y durante el mandato de Andrés Pastrana, Juan Hernández era el que manejaba “el computador de palacio”.

Martínez Neira en el ámbito jurídico es famoso por ser un reconocido comercialista y experto en derecho bancario. Su ejercicio profesional ha estado dirigido precisamente a ese ámbito, el del litigio en esas áreas, y en la asesoría a los grupos económicos más importantes del país, en especial el del banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo. Él dice que se declarará impedido para conocer de varios negocios relacionados con pleitos en los cuales él intervino. Es lo menos que debe hacer, ya que es una obligación legal no es una opción ética. Martínez Neira es inteligente, astuto, y muy hábil en el manejo de los códigos y las normas jurídicas. Ojalá que su pasado como asesor y litigante en asuntos comerciales y bancarios no le impidan defender con autonomía e imparcialidad los altos intereses de la Nación.

Decía Santos, al momento de presentar esta designación, que su amigo Tony Blair –exprimer ministro de la Gran Bretaña- lo había asesorado para hacer esta reforma al interior de la Casa de Nariño. “Blair reformó la oficina del Primer Ministro después de ser reelegido, él me dijo que también debía hacer unos cambios como él los hizo” dijo Santos, palabras más palabras menos. Yo creo que Colombia requiere de reformas más de fondo que estas; cambiar la estructura de la Presidencia me parece algo menor, casi que anecdótico, teniendo en cuenta que nuestro país es campeón mundial (o por lo menos dentro de los cinco finalistas) en desigualdad social, corrupción, delincuencia, terrorismo, pobreza, falta de educación, de salud, de vivienda, etc, etc. En un país como Gran Bretaña, a los primeros ministros solo les queda hacer una cosa: cambiar la configuración de su despacho, porque todo está hecho. En Colombia no, aquí todo está por hacer. Colombia no es Gran Bretaña,  y Santos no es Tony Blair. Esperamos, entonces, que el nuevo ministro de la Presidencia se encargue de presentar las verdaderas reformas que necesita este país, en lo social, en lo económico, en lo jurídico, en lo internacional. El nuevo superministro tendrá que darle más eficacia a las llamadas locomotoras de Santos, y de verdad ayudar a cambiar la estructura corrupta y anacrónica del Estado colombiano.  

La reelección presidencial



Con el triunfo de Juan Manuel Santos en las pasadas elecciones del 15 de junio se abre nuevamente el debate sobre el tema de la reelección presidencial en Colombia. El mismo Presidente ha tocado el tema, y ha dicho que presentará un proyecto de reforma de la Constitución para acabar con esta institución y alargar el período de gobierno.

Recordemos que la Constitución de Colombia de 1991 prohibió la reelección del presidente, y dejó el período en cuatro años. Posteriormente, durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez se reformó la Carta Magna y en 2006 el presidente en ejercicio se posesionó para un nuevo período consecutivo.

Desde aquel entonces se ha cuestionado la reelección presidencial. La Constitución de 1991 se estructuró teniendo como premisa que el presidente solo ejerciera un período. La autonomía del Banco de la República tenía como fundamento que el presidente solo pudiera escoger a dos codirectores en cuatro años; pero, con la reelección presidencial el jefe de Estado podría nombrar hasta cuatro miembros en este organismo. El presidente también puede nominar al fiscal General de la Nación; pero solo uno por período; con la reelección podría nominar hasta dos.

Otra crítica que se la hace a la reelección es el desbalance en la campaña electoral. El presidente como cabeza de la Rama Ejecutiva a nivel nacional tiene un inmenso poder, por lo tanto sus adversarios siempre estarán en desventaja cuando se trata de competir por la primera magistratura de la Nación.

En Colombia no existe cultura de la reelección presidencial como sí la hay en otros países, como en Estados Unidos, donde la constitución de ese país aseguró una reelección indefinida del presidente. Posteriormente esa norma fue reformada y hoy en día el presidente de esa Nación solo puede reelegirse una vez. En el país del Norte existe la siguiente premisa: el período presidencial realmente es de ocho años, con un plebiscito en la mitad para saber si el jefe de Estado sigue o no.

En Colombia, como ya lo dije, la Constitución estructuró un período de cuatro años. A diferencia de Estados Unidos, en nuestro país no existe esa cultura de la reelección presidencial; por lo tanto, la institucionalidad se ha visto resentida al ver a un jefe de Estado haciendo campaña cruzando peligrosamente o no presuntamente –según sus adversarios- los límites del código disciplinario, o del penal, o del fiscal.

La reelección presidencial es odiosa, antipática, genera sospechas, pero ya está dentro de nuestra Constitución desde 2005. Como abogado pienso que ha generado desniveles, suspicacias, y que sería necesario volver al sistema que implantó la Constitución de 1991.

Sin embargo, creo que nuestro país necesita reformas más urgentes que esta. El problema de la salud, de la educación, de la justicia, de la vivienda, de la pobreza extrema, de la indigencia, de la violencia, de la inseguridad, requieren toda la atención del Congreso. Entrar a reformar la Constitución nuevamente, emitir un acto legislativo, que la Corte Constitucional examine la exequibilidad de la reforma. Todo un proceso largo y tedioso para volver a lo que ya estaba. Prefiero que el Gobierno y la Rama Legislativa se concentren en lo importante, en hacer las grandes reformas sociales que requiere Colombia, lo otro es carpintería institucional, a la cual nos debemos amoldar los colombianos con todas las incomodidades y antipatías que ha generado.

El palo no está para cucharas. Por otro lado alargar el período presidencial es peor. Las nuevas generaciones de gobernantes y de líderes políticos podrían quedar atascados en esos períodos eternos de seis o de cinco años. Me quedo con el período de cuatro años, con una reelección antipática; pero prefiero esto a seguir reformando la Constitución, con un desgaste institucional que debería orientarse a las necesidades inmediatas de la gente, y no al juego político.

Quedémonos como estamos, no sigamos reformando y contra-reformando lo que ya existe, generemos conciencia cívica y ciudadana, enseñémosle a los niños a respetar la Ley, y a ajustarse a las reglas de convivencia vigentes. La “reformitis” que nos gusta tanto a los colombianos dejémosla para hacer los grandes cambios sociales que necesita nuestra Nación; lo otro es seguir pendejeando.    

El incierto futuro político de Colombia


El pasado viernes 17 de mayo de 2013, el presidente de la República Juan Manuel Santos anunció a la Nación que quería la reelección de sus políticas. Para ello, designó como presidente de la Junta Directiva de la Fundación Buen Gobierno al ex ministro Germán Vargas Lleras, y como director ejecutivo de la misma al ex secretario general de la presidencia Juan Mesa.

El presidente Santos no habló de reelección para el cargo que ostenta desde 2010. No, dijo que buscaba la continuación de sus políticas de gobierno más allá del 2014. Para algunos, es una jugada estratégica. Santos estaría buscando la reelección como presidente de la República, pero, no se lanzaría al agua de forma tan anticipada. Primero que todo, pondría a funcionar la campaña reeleccionista, pero sin mencionar su deseo directo de ser él el candidato. Algunos analistas opinan que Santos esperaría el resultado de las conversaciones de paz en La Habana, y el mejoramiento de otros indicadores, sobre todo en el campo económico.

Si las cosas salen bien en La Habana, Santos anunciaría el propósito de reelegirse como presidente de la República. Si las cosas salen mal, es muy probable que él declinaría esta aspiración, suponen esos mismos analistas. Empero, la campaña reeleccionista ya estaría en funcionamiento, y el denominado plan B estaría encabezado por Vargas Lleras.

Juan Manuel Santos tiene una opción muy grande de reelegirse en 2014 a pesar de todo, incluso, si el proceso de paz saliera mal. El poder que tiene un presidente en Colombia es enorme, gigantesco. Los políticos profesionales siempre acompañan a quien tiene la sartén por el mango, y en este caso, la tiene Santos. De la misma forma, él estaría acompañado por Vargas Lleras, pase lo que pase; y la realidad es que el nieto de Carlos Lleras Restrepo es un peso pesado de la política colombiana. Un factor de éxito adicional en una posible campaña reeleccionista.

Sin embargo, la cosa tampoco está tan clara para Santos. El ex presidente de la República Álvaro Uribe Vélez se ha propuesto aguarle la fiesta al mandatario. El ex presidente se ha convertido en el mayor opositor del Gobierno, y ha puesto en marcha un movimiento político denominado como Puro Centro Democrático, donde él es la estrella rutilante.  
  
Uribe Vélez tiene una popularidad muy alta, sobre todo en los círculos rurales y agrarios. Eso sin contar que en su tierra natal –Antioquia-, es casi un dios. El ex presidente podría ser una piedra en el zapato para las aspiraciones de Santos.

Álvaro Uribe Vélez tiene también una limitación muy grande: él no puede competir con el actual presidente de la República en elecciones para la primera magistratura de la Nación. La Constitución se lo prohíbe. Es por esto que está buscando una figura dentro de su movimiento que sí lo pueda hacer. Óscar Iván Zuluaga, Francisco Santos, José Félix Lafaurie, Carlos Holmes Trujillo, son algunos de los nombres que baraja el uribismo para pelear electoralmente en el 2014. Sin embargo, el problema es complejo porque quien ostenta el carisma, el encanto, el amor popular, es Uribe. ¿Podría el ex presidente endosar esa popularidad a alguno de esos personajes? Está por verse.

Santos y Uribe pertenecen a un sector del espectro político: la derecha. Están en el mismo lado del espectro. Obviamente, Uribe está más sintonizado con la derecha extrema, y Santos sería más de centro-derecha, pero, en últimas, ambos tienen las mismas ideas en lo substancial; aunque discrepan en asuntos como el proceso de paz con la FARC, y el manejo de las relaciones internacionales, especialmente con Venezuela.

Si la derecha llega atomizada a las elecciones de 2014, ¿podría la izquierda hacer fiesta con el agarrón de Santos y Uribe? Yo creería que una tercera fuerza los podría poner en vilo. Ya pasó en Bogotá con la elección de Gustavo Petro como alcalde. Cuando Peñalosa, Gina Parody, Carlos Fernando Galán, y David Luna, decidieron competir por separado, ahí eligieron indirectamente a Petro. ¿Eso podría pasar a nivel nacional? También está por verse.

Si Santos decide no presentarse a la reelección, ¿Vargas Lleras tendría la fuerza necesaria para derrotar al uribismo? Quién sabe, el ex presidente del Senado contaría con el apoyo de las toldas de Juan Manuel Santos, pero no sería lo mismo. Él no es el presidente de la República en ejercicio. Fuera de eso, sería el heredero de los defectos del gobierno de Santos. Las cosas tampoco están claras por este lado.

Colombia vive hoy en día una incertidumbre política. Hay unas conversaciones de paz con las FARC en La Habana, no se sabe cómo termine esto. Los indicadores económicos actualmente son buenos, pero, los nubarrones de un desastre en Europa y en Estados Unidos le podrían dañar el caminado a la sólida economía colombiana, y el paganini de esto sería el Gobierno Nacional. Lo único que sabemos es que Santos ya nombró a su equipo político para 2014, con Vargas Lleras, el general (r) Óscar Naranjo, la ex canciller María Emma Mejía, Juan Mesa,  Gabriel Silva, y Juan José Echavarría. Falta ver si él personalmente asumirá la campaña de reelección, o dejará a un delfín para que se mida con las toldas uribistas y con los movimientos de izquierda en 2014.     
  

La reelección de Juan Manuel Santos

Desde 2005 la Constitución de Colombia permite la reelección presidencial. El primer mandatario que estrenó esta reforma fue Alvaro Uribe Vélez, obviamente. La reelección presidencial es una especie de voto de confianza o de aprobación al gobernante que se encuentra en ejercicio, y permite que éste ejerza el poder por ocho años.

El presidente Juan Manuel Santos ha llegado a niveles de aprobación muy altos durante su gestión, y en cierta forma podemos decir que le ha ido bien. Sin embargo, el tema de la reelección es de esos tópicos que todavía no cuajan dentro del sistema constitucional y político colombiano por falta de tradición en ese tema, y por falta de conexidad entre las instituciones jurídicas y el sistema de prolongación del poder presidencial por más de un periodo, como sí sucede en Estados Unidos, donde el sistema político y constitucional se amolda perfectamente a la aceptación del ejercicio de más de un periodo presidencial; incluso, fue durante el gobierno de Harry Truman cuando se modificó la Constitución de Estados Unidos para prohibir que la reelección presidencial fuera indefinida.

El tema por lo tanto no debe depender de un "gustico" o de "me gusta" la reelección, el tema depende de la conveniencia institucional y política de reelegir a un presidente por más de un periodo dentro de las actuales circunstancias por las que atraviesa el país. La reelección de Alvaro Uribe Vélez se dio en un contexto de conjunción de fuerzas para resolver un problema de orden público que requería una solución innovadora, pero que en mi criterio no puede ser permanente. Colombia todavía se encuentra en una situación de "guerra interna", en la que unos grupos subversivos todavía están en franca oposición al Estado colombiano. Sin embargo, tenemos que decir que la situación hoy en día es muy distinta a lo que vivimos hace ocho o nueve años, cuando la guerrilla de las FARC decidió ponerle fin al proceso de paz que tan bondadosamente le había planteado el presidente Andrés Pastrana. Las FARC dejaron pasar una oportunidad de oro para entrar en la institucionalidad, y de paso ponerle fin al conflicto colombiano. Posteriormente, la política de seguridad demócratica de Alvaro Uribe Vélez disminuyó notablemente el poder de combate de esta guerrilla y por primera vez en cuarenta años se habló "del fin del fin".

Colombia hoy en día es un país distinto, y aunque todavía hay unos índices de pobreza muy graves, podemos asegurar que el futuro de nuestra nación es promisorio. Precisamente, es por esta razón que el presidente de Colombia Juan Manuel Santos debe pensar seriamente en declinar su legítima aspiración de hacerse reelegir para un nuevo período. La reelección, como ya dije, no alcanza todavía a cuajar en el sistema político y constitucional del país; es un sistema que ha funcionado muy bien en regímenes parlamentaristas, pero en los presidencialistas todavía se cuestiona su conveniencia, con la excepción de Estados Unidos. 

Un periodo de cuatro años es suficiente para ejercer la presidencia, y sobre todo en Colombia, donde el poder presidencial es enorme. En 2006 se reeligió al presidente en ejercicio, por razones excepcionales, y por la coyuntura que se presentaba en Colombia en ese momento. Sin embargo, hoy en día, lo mejor que puede hacer un presidente es declinar esa aspiración para darle continuidad y evolución al sistema político de la Constitución de 1991. La reelección presidencial puede ser una herramienta útil en un momento de nuevas coyunturas, y por lo tanto entrar nuevamente a restringirla sería una pérdida de tiempo; pero lo que sí es cierto es que el mandatario que tiene la investidura presidencial puede decidir no presentarse nuevamente para un nuevo período, y de esta forma, asegurar que la normalidad jurídica e institucional del país siga de acuerdo con los cauces de la Constitución de 1991. Es prematuro hablar de reelección presidencial en estos momentos, pero andan rumores por ahí de una posible propuesta al presidente Santos para que se lance nuevamente en el 2014.

El presidente Santos, que tiene fama de buen estratega, debería continuar en estos años su política de "prosperidad demócrática", y dejar en el 2014 que una nueva generación de colombianos que se han preparado a conciencia para regir los destinos de Colombia entren en la competencia para asumir la primera magistratura del Estado. Si las cosas siguen bien, en el 2014 el presidente Santos saldrá con niveles muy altos de aprobación, como le sucedió a Alvaro Uribe Vélez en 2010, sin embargo, embarcarse en otro mandato presidencial puede ser menos deseable y conveniente.

Obama quiere repetir

El presidente de Estados Unidos quiere ser reelegido en 2012, así lo anunció mediante un video en Youtube. La carrera por ocupar la la Casa Blanca ya comenzó, y las cosas están poco claras a pesar de lo que piensan muchos analistas políticos. El presidente No. 44 de Estados Unidos es el primer afroamericano en ocupar este cargo, sin embargo, sus dos primeros años de gobierno han estado marcados por una especie de frialdad en cuanto al cumplimiento de las promesas electorales.

Obama prometió subsanar la crisis financiera que se produjo en 2008, para esto, logró que el Congreso diera una ayuda multimillonaria de más de 700.000 millones de dólares. El sistema financiero no colapsó, pero, muchos críticos afirman que las causas primarias que dieron lugar a la crisis no se han modificado. La falta de control por parte del gobierno frente al sistema financiero todavía sigue incólume. Wall Street logró que Obama los salvara, pero no logró que Obama emitiera una ley para supervisarlos de manera conveniente. 

Las guerras de Irak y Afganistán, las cuales generaron un dolor de cabeza para George W. Bush, no han podido ser resueltas de manera convincente. Las tropas de combate de Estados Unidos ya abandonaron Irak, pero quedaron todavía varios asesores y miembros del ejército norteamericano pendientes de la consolidación de la fuerzas de seguridad irakíes. Irak fue un fiasco para la administración Bush, pero Obama no logró que Estados Unidos diera su parte de victoria en este conflicto en el cual murieron más de 3.000 soldados americanos y más de 600.000 civiles. El caso de Afganistán es peor, hay una guerra abierta que no parece tener una pronta solución, y la administración de Estados Unidos quiere llevar más soldados a este frente de batalla para salir de este embrollo que no parece tener una solución a corto plazo. 

La reforma sanitaria que planteó Obama, muy criticada por parte del partido Republicano, no fue lo que se esperaba, no fue la gran reforma y tampoco dejó muy convencidos a los sectores que realmente querían ver un cambio en este aspecto. La "opción pública" terminó siendo la propuesta del ejecutivo norteamericano. Hoy en día, los republicanos luchan para tumbar esta reforma, que no dejó contento a nadie. La verdad es que en este punto Obama se la jugó el todo por el todo y no ganó, u obtuvo un triunfo a medias.

Sobre la promesa de cerrar la cárcel de Guantánamo, las cosas siguen en el mismo punto donde las dejó Bush, y no parece tampoco que exista una solución a corto plazo para este problema. Estados Unidos no quiere recibir a los presos de Guantánamo porque la tesis del gobierno es que son terroristas que no pueden gozar de los derechos de cualquier imputado en territorio americano, a pesar de la posición de la Suprema Corte. Europa tampoco los quiere recibir, porque son una papa caliente, y los otros países menos, por lo tanto esta promesa ha quedado en el limbo, y no se sabe nada hacia futuro sobre esto. 

El desempleo en Estados Unidos sigue siendo alto, los ciudadanos de este país continuan alarmados por la falta de oportunidades para acceder a un puesto laboral formal. Esta situación es la que más preocupa al ciudadano común y corriente, y tal vez sea la piedra en el zapato para Obama en el 2012 con miras a su reelección.

Las relaciones internacionales pasan por un momento extraño para Estados Unidos, por un lado la intervención en Libia ha llevado a que Obama sea visto como un nuevo forastero en territorio extranjero, como lo fue Bush en su momento, la falta de objetivos concretos por parte de la OTAN es la mayor crítica que se hace a esta operación militar, y por lo tanto Obama aparece como el responsable de esta falta de objetivos claros. Las relaciones con China pasan por un buen momento, aunque se ha creado una nueva guerra fría entre las dos superpotencias a raíz del manejo de las monedas. Europa, recibió la elección de Obama con júbilo y alegría, pero hoy en día las cosas se han enfriado bastante, a pesar de que los suecos le dieron el premio Nobel de la Paz en 2009.

Con Lationoamérica Obama ha estado muy cauteloso, casi que indiferente, la reciente visita del mandatario estadounidense estuvo llena de críticas y de pocas expectativas. Para muchos analistas Obama vino a Brasil, a Chile y a El Salvador con un poco de discursos pero con pocas definiciones, eso sin contar las críticas que le llovieron por no haber venido a Colombia, a Perú, y a Panamá, que son los países más cercanos a Estados Unidos en la región.

Por los lados del partido Republicano las cosas están enredadas, todavía no hay aspirantes firmes o contundentes que estén tratando de hacer frente a la candidatura de Obama. El ex gobernador de Massachusetts Mitt Romney, el ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee, y el millonario Donald Trump aparecen hasta ahora como los posibles rivales del actual presidente, eso sin contar a la señora Sarah Palin, que sin duda alguna será una feroz rival en la primarias republicanas de 2012. Pero por ese lado nada, o mejor dicho nada de nada. Los republicanos si bien es cierto lograron hacerse con el control de la Cámara de Representantes en las últimas elecciones parlamentarias, no han podido generar una verdadera oposición popular al gobierno en ejercicio, y fuera de eso el llamado "Tea Party" acabó por etiquetarlos como furibundos exponentes de las ultraderecha, lo cual ha espantado a muchos respublicanos moderados y personas de la denominada centro-derecha.  

En el partido demócrata al parecer Obama tiene las cosas ganadas, Hillary Clinton no estaría dispuesta a retar a su actual jefe, y tampoco aparecen otros que quieran disputarle ese puesto al actual presidente. Aunque en los próximos meses posiblemente aparezcan rivales a Obama en el partido demócrata si las cosas siguen mal para el mandatario. En las toldas republicanas sí hay más movimiento, y si los marcadores de desempleo siguen como están, muchos candidatos estarán por esos lados en la primarias de ese partido.

Obama ya empezó a recoger fondos para la campaña de 2012, quiere ser nuevamente presidente, sin embargo, las coyunturas internas y externas no se presentan fáciles y dóciles para Estados Unidos, cualquier cosa podría pasar en estos dos años, y muchas sorpresas podrían estar a la vuelta de la esquina en la política estadounidense.

EL TERCER PERIODO PRESIDENCIAL DE ALVARO URIBE VELEZ

Este blog fue creado para hablar de temas políticos y de Derecho, es por esto que en este momento, y debido a la coyuntura especial por la que atraviesa Colombia, es obligatorio en este espacio hablar de la posibilidad del tercer periodo presidencial de Alvaro Uribe Vélez.
El exitoso operativo de rescate de la excandidata presidencial Ingrid Betancourt, de tres ciudadanos norteamericanos, y de once miembros de la fuerza pública, ha llevado a que se hable con insistencia de la inminente postulación del actual presidente de la República para un nuevo periodo de gobierno.
La Constitución de 1.991 no permitía la reelección presidencial, de hecho fue prohibida, pero el Congreso mediante acto legislativo reformó el artículo que imponía esta restricción, lo que permitió que Uribe pudiera gobernar otros cuatro años, como lo está haciendo.
Hoy, existe la restricción constitucional ya que la reelección sólo podría darse por una vez para el presidente de la República, para lo cual, si se quiere que el actual mandatario se postule a un nuevo periodo, debe modificarse nuevamente la Constitución.
La carta magna puede reformarse de tres formas: por referendo, por asamblea constituyente, o por acto legislativo del Congreso. Los partidarios del presidente han escogido el primer sistema de reforma constitucional para lograr una nueva postulación del actual gobernante, por eso han recogido firmas dentro de los ciudadanos.
Un nuevo periodo del presidente en ejercicio equivale a decir que una sola persona podría ejercer el cargo de jefe de Estado, jefe de Gobierno y comandante en jefe de la fuerzas armadas hasta por doce años. Los argumentos a favor de esta situación inédita en la política colombiana de los últimos cincuenta o sesenta años radican en la alta favorabilidad popular del mandatario, y en la percepción que tiene la gente sobre el buen gobierno de Uribe; los reeleccionistas afirman que hay que premiar la buena gestión, y además aseguran que la continuidad de la política de seguridad democrática llevaría a la derrota de los grupos guerrilleros subversivos de manera contundente.
Los sectores opuestos a la tercera elección de Uribe Vélez como presidente de la República afirman que se pondría en peligro la democracia colombiana, y que no sería bueno o conveniente que una persona ocupara este cargo por tanto tiempo.
En realidad, la democracia, como ya lo expresó Lincoln es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; lo que equivale a decir que si la mayoría de los ciudadanos deciden que una persona gobierne por doce años, estaría bien, desde el punto de vista de la definición de democracia.
Rousseau afirmaba que la soberanía reside en el pueblo, como lo determina nuestra constitución, es por esto que hablar de poner en peligro la democracia por el querer de los mismos ciudadanos es un contrasentido. Si el pueblo quiere ver a una persona ocupar el cargo de presidente de la República por doce, dieciséis, o los años que sean, no por eso se estaría afrentando la misma democracia, debido a esto no compartimos los argumentos de las personas opuestas a la figura de la reelección presidencial, en este punto.
Lo que sí debería revisarse son los sistemas de frenos y contrapesos que rigen en las democracias, ya que la Constitución de 1.991 diseñó unos sistemas de elección de algunos altos funcionarios teniendo en cuenta que el periodo presidencial sólo fuera uno de cuatro años.
Para el mismo presidente resultaría conveniente mirar una posible reforma constitucional integral, ya que si bien es cierto se vive una coyuntura especial en el país, también es cierto que las normas constitucionales se diseñan y se emiten para que tengan cierta vigencia en el tiempo. Pensar en términos de cortos plazos no es conveniente para el sistema jurídico, porque lo que hoy es bueno, mañana de pronto no tanto.
Una reforma constitucional integral es el camino para modular estos cambios en el sistema político, para lo cual, la comisión asesora que ha convocado el presidente debería aconsejar que la carta política se reforme como un todo para pensar hacia el largo plazo, como lo debe ser en un Estado de Derecho moderno.
La democracia permite que los gobernantes que hacen un buen trabajo sean premiados, pero también es necesario advertir que desde el nacimiento de los Estados-Nación, la institucionalización del poder es el elemento característico de la modernidad político-jurídica, para lo cual deben hacerse los cambios en la normatividad vigente para que no se presenten anomalías hacia futuro.
La reelección presidencial es una buena oportunidad para plantear esta reforma integral a la Constitución, teniendo en cuenta las actuales circunstancias, pero también para ir proyectando la nueva regulación política de un Estado moderno y progresista hacia el futuro.