Mostrando las entradas con la etiqueta leyes. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta leyes. Mostrar todas las entradas
Curso online de Conceptos jurídicos fundamentales
Etiquetas:
cursos online,
derecho,
estudiantes,
Jurisprudencia,
juristas,
leyes,
maestros,
videos
Curso de Conceptos Jurídicos Fundamentales
Lección No. 17 – Elementos de derecho civil (parte 2)
SEGUNDA TEMPORADA
Lección No. 1 - ¿Qué es democracia?
Lección No. 2 - ¿Qué es libertad?
Lección No. 3 - ¿Qué es política?
Lección No. 4 - ¿Qué es la globalización?
Lección No. 5 - ¿Qué es la moral?
TERCERA TEMPORADA
Lección No 1 - "Derecho y filantropía"
SEGUNDA TEMPORADA
Lección No. 1 - ¿Qué es democracia?
Lección No. 2 - ¿Qué es libertad?
Lección No. 3 - ¿Qué es política?
Lección No. 4 - ¿Qué es la globalización?
Lección No. 5 - ¿Qué es la moral?
TERCERA TEMPORADA
Lección No 1 - "Derecho y filantropía"
Etiquetas:
abogados,
aprender,
cursos,
derecho,
estudiantes,
ideas,
jurídicos,
Jurisprudencia,
leyes,
online,
profesores
Curso online de Conceptos Jurídicos Fundamentales
Puede apreciarlo en nuestros canales de Youtube: fbermudezg o fbermudezglegal
Etiquetas:
abogados,
Conceptos jurídicos fundamentales,
curso,
derecho,
introducción al derecho,
juristas,
leyes,
online
Comunicamos el derecho
A través de este blog jurídico, y de la página FBG Legal comunicamos el derecho. Promovemos las ideas de justicia, democracia y libertad. Comunicamos el derecho.
#Comunicamoselderecho
Etiquetas:
#comunicamoselderecho,
comunicamos el derecho,
conferencias,
derecho,
Estado,
ideas.,
ley,
leyes,
medios,
Política,
profesores
Los beneficios de la democracia
Lea este artículo AQUÍ.
Etiquetas:
beneficios,
Democracia,
derecho,
Estado,
Filosofía,
leyes,
Política,
sociedad
Los derechos de los animales en el amanecer de una Nueva Humanidad
Lea este artículo AQUÍ.
Etiquetas:
América Latina,
animales,
animalistas,
Colombia,
derechos,
derechos de los animales,
leyes
¿El derecho a la libertad de expresión tiene límites?
Hay una frase célebre de Voltaire sobre este
tema y que ilustra el problema de manera maravillosa: “Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero daría mi vida para
que lo dijera”. Estupendo, eso se llama tolerancia. No estoy de acuerdo con
sus ideas, pero sí estoy de acuerdo con que lo pueda decir.
La libertad de expresión es uno de los
derechos de primera generación dentro del constitucionalismo liberal, viene
desde la Revolución francesa, y es un derecho consignado en la mayoría de las
cartas políticas del mundo. Es un derecho inobjetable, que se manifiesta como
intrínseco a la naturaleza humana. La facultad de decir o de expresarme en
sociedad - mejor dicho públicamente- como yo quiera.
En el hemisferio occidental la actitud de las
cortes y del poder legislativo sobre este derecho es la de ser proclive a una “amplia
libertad de expresión” –salvo en algunos países de manera excepcional-, por lo
tanto los límites a este derecho están determinados por el daño cierto y claro
que se le causen a una persona con ocasión del ejercicio de la libertad de
expresión.
En consecuencia, sí hay límites a la libertad
de expresión: los derechos de los demás. Y más específicamente cuando se cause
lesión cierta a esos derechos. Un ejemplo de límites a la libertad de expresión
es la injuria y la calumnia, proclamar públicamente que alguien ha cometido un
delito del cual es inocente es inferir daño al derecho de honra o de honor de
una persona; lo mismo ocurre con la injuria.
Sin embargo, ¿qué pasa cuando yo critico de
manera violenta o apasionada a un grupo, a una persona o a una ideología? ¿Cuando
los ofendo de manera directa, sin inferirles calumnia o injuria? Desde un punto
estrictamente legal no abría afrenta por este motivo, y como ya he dicho la
actitud de los jueces y de los legisladores en Occidente es la de ser
complacientes o amplios frente a esta libertad. Si no hay un daño cierto no hay
razón para indemnizar, para retractarse o para ser censurado.
Empero, si bien es cierto el Estado solo
entra a regular o a castigar los excesos de la libertad de expresión cuando se
ha cometido un daño, también es cierto que debe existir una autorregulación de
quien expresa una opinión en público, o incluso, debería existir una especie de
sanción social contra quien se extralimita en sus opiniones obscenas, abusivas
o violentas contra una persona, un grupo, un sector de la sociedad o una
ideología, o una religión.
En los medios de comunicación es común ver
columnas, artículos o caricaturas en donde se mofan, se burlan o critican de
manera exagerada la actitud de algún político, de algún famoso, o de cualquier
persona que se mueve en la esfera pública. En el sistema democrático liberal el
Estado no puede entrar a sancionar a nadie por eso, prevalece la libertad de
expresión, sin embargo, sí sería necesario la autorregulación, la autocensura,
para que estas prácticas no pongan en peligro la estabilidad y la moral social,
y no generen un clima de violencia y de hostilidad innecesarios en una
comunidad que necesita de todo lo contrario: paz y debate sereno.
La libertad de expresión abusiva, sin que
esta libertad abusiva tenga consecuencias legales- debe ser materia de análisis
por parte de los opinadores, de los articulistas, de los blogueros, de los
periodistas, y de todos aquellos que están acostumbrados a manifestarse en los
medios de comunicación masivos. La libertad de expresión también tiene una
responsabilidad social, y si bien es cierto el Estado no puede entrar a acallar
mis críticas burlonas o sarcásticas contra una persona, un grupo, una ideología,
o una religión –salvo que la conducta sí se encuadre dentro de un delito- yo,
como opinador público, debería pensar en la construcción y el aporte que mi
expresión está dando a la sociedad. ¿Será que esas burlas, esos sarcasmos, esas
groserías, son útiles para erigir una mejor sociedad, un mejor mundo? Es un
tema de reflexión que también toca con la moral, con los valores imperantes y
con la educación.
Etiquetas:
Colombia,
comunicación,
derechos,
Jurisprudencia,
leyes,
libertad de expresión,
límites,
periodismo,
periodistas
Todos somos toros
Lea este artículo haciendo click AQUI.
Etiquetas:
animales,
animalistas,
antitaurinos,
derecho,
ética,
fiesta brava,
leyes,
moral,
sociedad,
taurinos,
toros
La Justicia
Me refiero a la equidad, al
orden armónico entre los hombres, no al aparato estatal de dictar fallos. ¿Para
qué sirve la Justicia? Para, precisamente, mantener la paz en la sociedad. En
una comunidad humana donde la Justicia está ausente no hay civilización, orden,
y por lo tanto esa comunidad humana en vez de progresar hacia niveles más altos
de desarrollo decae en el salvajismo, en la anarquía.
La Justicia es un tema muy
debatido en el derecho porque supuestamente hay diferentes conceptos sobre
ella; para algunos es un tema caduco, anacrónico; para otros, la Justicia es lo
que determina el legislador, la ley. De cierta forma, la Justicia como concepto
está atada al status quo imperante, él dice lo que es justo y lo que no.
La Justicia trata de
mantener unas condiciones mínimas de armonía y de paz en la sociedad, porque
allí, donde no hay Justicia, los hombres deciden agredirse a sí mismos, deciden
simplemente ejercer la facultad de imponer la condición del más fuerte. La
Justicia del más fuerte no es justicia, o no es verdadera justicia. Por lo
tanto, si aceptamos los postulados del iusnaturalismo, tenemos que decir que sí
existen unas leyes universales, unos postulados morales que trascienden a las
sociedades, a los hombres, a la artificialidad del Estado.
¿Cómo conocer esos
postulados universales? Los iusnaturalistas religiosos, como santo Tomás de
Aquino, afirmaban que usando la razón y la fe; los iusnaturalistas
racionalistas pretendían que solo utilizando la primera se podía llegar a la
verdad. Yo creo que cualquier medio es válido para llegar a esa verdad
absoluta, sin embargo, en la vida cotidiana hay muchos ejemplos de aplicación
de términos de Justicia utilizando el sentido común.
La tendencia natural del
hombre es “hacia lo bueno, lo bello y lo verdadero” afirmaba Platón; el ser humano quiere el bien, desea
el bien, y para eso la naturaleza lo dotó de razón, de instinto, de intuición,
de alma, de emociones. El hombre sabe en esencia lo que está bien, y lo que
está mal. Matar es malo, robar es malo, engañar es malo, lesionar a otro es
malo; no necesitamos una cátedra de moral para saber que ciertas actitudes y
ciertos comportamientos son maléficos per se.
Las sociedades, desde la antigüedad,
han creado aparatos artificiales para aplicar justicia, para dar justicia. Esos
aparatos artificiales son los jueces, los tribunales, las cortes. ¿Cómo aplican
justicia esos jueces, esos tribunales, esas cortes? A través de la aplicación
de la Ley, de las directrices supremas de esa sociedad. ¿Esas directrices
supremas, por el simple hecho de serlas, son justas? No necesariamente, dirían
los iusnaturalistas; los positivistas afirmarían que “no importa”, el hecho es
que existen esas directrices en la sociedad, y los jueces deben aplicarlas para
que haya Justicia en la sociedad. O sea, para los positivistas hay Justicia en
la medida que los jueces apliquen la Ley dada por el aparato estatal así esas
directrices no se encuadren en un modelo de equilibrio y de virtud universal.
Para los positivistas no existe esa moral única, para ellos solo existe el
Estado y esas directrices (o normas de conducta) que determinan los parámetros
de comportamiento de los componentes de ese Estado.
La Justicia es un valor,
que no puede ser desdeñado para favorecer otros fines del Estado, ya que
precisamente esos otros fines no se pueden conseguir si no hay Justicia. En una
sociedad carente de Justicia los hombres se sienten mal-tratados, se sienten
incapaces de progresar, sienten incertidumbre frente al futuro por culpa del
desorden imperante en el presente. En una sociedad carente de Justicia el
conflicto aparecerá tarde o temprano, habrá sensación de desorden, de
marginalidad, y por lo tanto, la oposición hacia el status quo generará ruido
en las relaciones sociales que podría desencadenar un caos, y un
desmembramiento del Estado.
La Justicia no es valor
menor para la sociedad, solo las comunidades humanas con altos estándares de
justicia universal pueden salir adelante, pueden progresar, pueden
desarrollarse. Y ojo, estamos hablando de justicia universal, no de justicia
subjetiva o artificial, porque allí, donde la Justicia es vista como normas
relativas de convivencia que pueden cambiar de acuerdo a los valores efímeros y
superfluos del momento presente, allí no habrá verdadera Justicia, solo habrá
justicialismo que algo diferente a la Justicia.
Etiquetas:
armonía,
derecho,
desarrollo,
humanidad,
iusnaturalistas,
iuspositivistas,
justicia,
leyes,
paz,
progreso,
sociedad,
valores
El derecho penal debe ser más pragmático
Uno de los objetivos del
derecho penal es castigar las conductas que agredan los bienes jurídicos
tutelados por el Estado. Otro de los objetivos de este derecho es disuadir a
los potenciales delincuentes de cometer hecho ilícitos; y por último, el derecho
penal busca con el castigo resocializar a los criminales.
En la mayoría de los
sistemas jurídicos civilizados el castigo más utilizado es el de limitar la
libertad, la cárcel. Las penas privativas de la libertad son las penas más
frecuentes en el derecho penal. Sin embargo, ¿son efectivas esas penas? ¿Sirven
realmente para disuadir a los potenciales delincuentes? ¿Sirven para
resocializar a los reclusos? La respuesta probablemente sea la de: No.
El derecho penal actual
presenta el castigo de limitación de la libertad como un mal menor o como un
mal necesario; como que no existe otro castigo; como que no se puede hacer más.
Yo pienso que la pena de restricción de la libertad debe ser impuesta en casos
extremos, o para delitos mayores –o graves- como el de homicidio, el de
secuestro, el de terrorismo, el de acceso carnal violento, agresión con ácido o
para delincuentes reincidentes.
Las cárceles están
atestadas de gente –por lo menos en Colombia, y creo que en otras partes del
mundo también-; la violación a los derechos humanos en esos centros de
detención está al orden del día debido a la sobrepoblación carcelaria. Es
necesario que las cárceles estén habitadas realmente por criminales peligrosos,
por personas que al estar en libertad se convertirían en un peso para la
sociedad. Sin embargo, muchas de las personas que están en las cárceles ni
siquiera tienen una sentencia encima, y en muchos otros casos esas personas no
revisten realmente un peligro para el resto de los ciudadanos.
La pena privativa de la
libertad debe ser impuesta –como ya lo expliqué- para delitos graves,
mayúsculos, para casos realmente abominables. Hay otros castigos que deberían
imponerse y que serían más eficaces para disuadir a los delincuentes, y para
prevenir con mejor contundencia el acaecimiento del crimen. Las multas; las
penas o sanciones sociales, como la publicación en medios de comunicación masivos
de los nombres de los delincuentes; el trabajo social; el trabajo comunitario;
el trabajo cívico, como recoger basura o asear andenes; el trabajo agrario,
etc.
Al Estado le cuesta mantener
un recluso en una prisión, es un gasto. El derecho penal debería pensar que una
forma de reducir costos en el gobierno es precisamente el de descongestionar
las cárceles. Yo sería –o soy- más proclive a pensar que la multa es un
excelente castigo, ¿por qué? Porque a la gente le duele el bolsillo, le duele
pagar, le duele hacer emolumentos en los cuales no haya beneficio personal. Las
multas son utilizadas comúnmente por el derecho administrativo sancionador pero
no por el penal. Yo creo que ya llegó la hora de cambiar penas de prisión o de
cárcel por penas basadas en pagar dinero. Sobre todo me refiero a los llamados
delitos técnicos en los cuales no se lesionó la humanidad, o la corporeidad de
nadie, pero en los que sí se puso en vilo un bien jurídico tutelado como el
patrimonio, o el orden económico. Para esos delitos la sanción debería ser la
multa. Una multa bien grande. ¿Qué ganan las víctimas de un desfalco, de una
estafa, de una captación ilegal de dinero, con tener a los victimarios en la
cárcel? Nada; lo que necesitan esas víctimas es que principalmente se les
resarza su patrimonio lesionado.
En el siglo XXI debería
humanizarse mucho más el derecho penal, que ya de por sí se ha humanizado
demasiado desde hace dos siglos y más; pero ahora el reto no es humanizar sino
hacer práctico el derecho penal, hacerlo más pragmático; más útil a los
requerimientos de la nueva sociedad y de la nueva humanidad que está emergiendo
en el horizonte. Cumplir con el objetivo de resocializar al delincuente, y de
hacer de los centros carcelarios lugares donde haya dignidad humana y donde el
prisionero si ha cumplido con la pena tenga una perspectiva hacia futuro de ser
un componente útil a la comunidad que ha ofendido. Una especie de transmutación
de personalidades es lo que debería haber en las cárceles, pero eso no se puede
hacer si están demasiado sobrepobladas.
Los castigos sociales a
veces son más eficaces y más baratos que la reclusión carcelaria. Las listas
públicas de delincuentes con sentencia en firme; la publicación de las fotografías
de los criminales son más disuasivas – a veces- que encerrar a una persona en
una celda por uno, dos, tres o cinco años.
La cárcel debe quedar para
la gente más peligrosa, para quienes realmente sean un factor maligno absoluto.
Los homicidas, los terroristas, los violadores, los secuestradores, los que
atacan con ácido a otra persona, los reincidentes; esa gente sí debe estar
encerrada para que reflexione, para que piense en lo que ha hecho, y para que
sean analizados con más calma por las autoridades sanitarias de las prisiones:
psicólogos, trabajadores sociales, médicos, etc.
El Estado no puede seguir violando los derechos humanos de los prisioneros por falta de dinero; es por esto que desocupar esos centros de detención es necesario para ocuparlos con verdaderos criminales; crear otras penas más eficaces y más disuasivas como las multas, las sanciones sociales, el trabajo comunitario y cívico, y los castigos que tengan como finalidad transmutar, reconvertir, y reeducar al delincuente. El derecho penal debe dejar esa traza histórica de la ley del Talión (“ojo por ojo, diente por diente”) y empezar a ser más realista, menos vengativo y más pragmático.
Etiquetas:
cárceles,
Colombia,
criminología,
derecho,
Derecho penal,
Estado,
leyes,
política criminal,
prisiones,
realidad
Democracia real y democracia virtual
¿Cuál es el mejor sistema
político? Esta pregunta ronda las mentes de los filósofos del poder desde
épocas milenarias, desde los griegos, pasando por santo Tomás de Aquino, los
racionalistas europeos, los liberales, etc. ¿Cuál es el sistema político que asegura
mayor bienestar para todos los ciudadanos de una Nación? ¿La democracia?
Hay dos frases célebres, de
dos personajes célebres, acerca de la democracia. Una es de Lincoln, que dice: “La democracia es el gobierno del pueblo, por
el pueblo y para el pueblo”. La otra se le atribuye a Winston Churchill, y
dice: “La democracia es el peor sistema
político con la excepción de todos los demás.”
Hoy en día, por lo menos en
Occidente, estamos de acuerdo con que la democracia es el menos malo de todos
los sistemas políticos, y por eso está incluida en todas las constituciones
civilizadas del mundo. Le democracia tiene mil defectos pero por los menos es
el más presentable de todos los sistemas de poder.
Sin embargo, y no estoy
descubriendo que el agua moja, la democracia genera varias suspicacias entre
muchos poderosos, o entre los poderosos; entre aquellos que detentan realmente
el poder en un mundo capitalista –e incluso en el socialista-.
La democracia es como un
mal menor para muchos. ¿Por qué? Porque es el sistema –que en teoría- asegura
que la gente se sienta conforme, que la gente no se subleve, que la gente no se
enfurezca. Si hay malos gobernantes es porque ustedes –el pueblo- los eligieron,
afirman los poderosos.
Si en una dictadura, o en
una monarquía absoluta, o en una aristocracia, hay hambre o injusticia, pues el
pueblo se siente legitimado para entrar a protestar de manera violenta, porque
ellos –los poderosos- están pasándose de la raya. Recordemos la Revolución francesa
como ejemplo práctico de lo que he dicho hasta ahora. En la Francia de Luis XVI
y de María Antonieta, el pueblo creyó prudente enviar a los reyes a la
guillotina por no pensar en ellos, por dejarlos morir de inanición, de miseria.
En la democracia esto es
más complejo porque el pueblo es el que elige, y si elige mal pues… aguántense.
Ahí está la treta de los poderosos en las actuales condiciones, en los actuales
tiempos. En un modelo capitalista de libre mercado hay algunos que acumulan
mucho y otros que no tienen nada. Eso es de sentido común. El problema del
capitalismo es la acumulación, la desigualdad, la injusticia, el desbalance entre
los ricos y los pobres. Al capitalismo le está pasando lo mismo que a la
democracia: es un sistema horrible, pero es preferible que el temido
socialismo.
En este mundo que vivimos
la democracia está incluida en todas las constituciones de los Estados
civilizados –como ya dije-, sin embargo, esa democracia real, esa democracia
donde todos tienen posibilidades, donde todos pueden asegurar una vida digna,
es irreal, no existe. O mejor dicho, existe pero solo en el papel, en teoría.
Como lo ha denunciado el
profesor Noam Chomsky en Estados Unidos, la democracia que tenemos en Occidente
es una democracia “comprable”, es una democracia que -como todo en el
capitalismo- está sujeta a las leyes del mercado, y por lo tanto solo los más
poderosos la pueden adquirir para satisfacer sus propios intereses.
Digamos que lo que tenemos
realmente es una democracia virtual, una democracia donde en teoría el pueblo
es el que elige a sus gobernantes. ¿El pueblo elige realmente a sus
gobernantes? ¡Claro! ¡En las elecciones! Sin embargo, esas elecciones donde
libremente se escogen a los gobernantes realmente no son tan libres. ¿Por qué?
A nadie lo obligan a ir a votar –por lo menos mayoritariamente-, pero, los
candidatos que aparecen con mayor opción para ganar son aquellos que han sido
apoyados por los poderosos. Mejor dicho, aquellos candidatos que tienen más
recursos económicos para sus campañas son aquellos que aparecen con mayor
opción para ganar, y son aquellos que son votados por el público en general.
Los poderosos se valen de la libertad del capitalismo y de la democracia para elegir a los gobernantes que protegen sus intereses. El pueblo raso termina siendo un idiota útil de todo esto. El show de la democracia termina siendo solo eso: un show.
Mientras tanto, el pueblo
sigue pasando penurias: hambre, injusticia, corrupción, terrorismo,
delincuencia, desempleo, etc. Sin embargo, como fueron ellos los que “eligieron”
en teoría a sus gobernantes pues no hay forma de protestar, de pedir un cambio
contundente. Los poderosos simplemente ríen, se frotan las manos y afirman: “Esa
es la democracia”.
Etiquetas:
capitalismo,
Democracia,
Filosofía,
leyes,
Poder,
Política,
realidad,
teoría
No son las instituciones, son las personas y sus valores
Lea este artículo AQUÍ.
Etiquetas:
América Latina,
Colombia,
corrupción,
crisis,
derecho,
educación,
hombres,
instituciones,
justicia,
leyes,
normas,
sociedad,
valores
La reelección presidencial
Con el triunfo de Juan
Manuel Santos en las pasadas elecciones del 15 de junio se abre nuevamente el
debate sobre el tema de la reelección presidencial en Colombia. El mismo
Presidente ha tocado el tema, y ha dicho que presentará un proyecto de reforma
de la Constitución para acabar con esta institución y alargar el período de
gobierno.
Recordemos que la
Constitución de Colombia de 1991 prohibió la reelección del presidente, y dejó
el período en cuatro años. Posteriormente, durante el gobierno de Álvaro Uribe
Vélez se reformó la Carta Magna y en 2006 el presidente en ejercicio se
posesionó para un nuevo período consecutivo.
Desde aquel entonces se ha
cuestionado la reelección presidencial. La Constitución de 1991 se estructuró
teniendo como premisa que el presidente solo ejerciera un período. La autonomía
del Banco de la República tenía como fundamento que el presidente solo pudiera
escoger a dos codirectores en cuatro años; pero, con la reelección presidencial
el jefe de Estado podría nombrar hasta cuatro miembros en este organismo. El presidente también puede nominar al fiscal General de la Nación; pero solo uno
por período; con la reelección podría nominar hasta dos.
Otra crítica que se la hace
a la reelección es el desbalance en la campaña electoral. El presidente como
cabeza de la Rama Ejecutiva a nivel nacional tiene un inmenso poder, por lo
tanto sus adversarios siempre estarán en desventaja cuando se trata de competir
por la primera magistratura de la Nación.
En Colombia no existe
cultura de la reelección presidencial como sí la hay en otros países, como en
Estados Unidos, donde la constitución de ese país aseguró una reelección
indefinida del presidente. Posteriormente esa norma fue reformada y hoy en día
el presidente de esa Nación solo puede reelegirse una vez. En el país del Norte
existe la siguiente premisa: el período presidencial realmente es de ocho años,
con un plebiscito en la mitad para saber si el jefe de Estado sigue o no.
En Colombia, como ya lo
dije, la Constitución estructuró un período de cuatro años. A diferencia de
Estados Unidos, en nuestro país no existe esa cultura de la reelección
presidencial; por lo tanto, la institucionalidad se ha visto resentida al ver a
un jefe de Estado haciendo campaña cruzando peligrosamente o no presuntamente –según
sus adversarios- los límites del código disciplinario, o del penal, o del
fiscal.
La reelección presidencial
es odiosa, antipática, genera sospechas, pero ya está dentro de nuestra
Constitución desde 2005. Como abogado pienso que ha generado desniveles,
suspicacias, y que sería necesario volver al sistema que implantó la
Constitución de 1991.
Sin embargo, creo que
nuestro país necesita reformas más urgentes que esta. El problema de la salud,
de la educación, de la justicia, de la vivienda, de la pobreza extrema, de la
indigencia, de la violencia, de la inseguridad, requieren toda la atención del
Congreso. Entrar a reformar la Constitución nuevamente, emitir un acto legislativo, que la Corte Constitucional examine la exequibilidad de la
reforma. Todo un proceso largo y tedioso para volver a lo que ya estaba.
Prefiero que el Gobierno y la Rama Legislativa se concentren en lo importante,
en hacer las grandes reformas sociales que requiere Colombia, lo otro es
carpintería institucional, a la cual nos debemos amoldar los colombianos con
todas las incomodidades y antipatías que ha generado.
El palo no está para
cucharas. Por otro lado alargar el período presidencial es peor. Las nuevas
generaciones de gobernantes y de líderes políticos podrían quedar atascados en
esos períodos eternos de seis o de cinco años. Me quedo con el período de cuatro
años, con una reelección antipática; pero prefiero esto a seguir reformando la
Constitución, con un desgaste institucional que debería orientarse a las
necesidades inmediatas de la gente, y no al juego político.
Quedémonos como estamos, no
sigamos reformando y contra-reformando lo que ya existe, generemos conciencia
cívica y ciudadana, enseñémosle a los niños a respetar la Ley, y a ajustarse a
las reglas de convivencia vigentes. La “reformitis” que nos gusta tanto a los
colombianos dejémosla para hacer los grandes cambios sociales que necesita
nuestra Nación; lo otro es seguir pendejeando.
Etiquetas:
Colombia,
Constitución,
debate,
derecho,
leyes,
Política,
presidente de Colombia,
reelección
Séptimo concurso de ensayo en Métodos Alternativos de Resolución de Conflictos
Las cámaras de comercio de
Bogotá, Cali y Medellín para Antioquía organizan este concurso dirigido a
estudiantes de derecho. La fecha límite de la inscripción es hasta el 22 de
agosto, y se premiarán a los tres mejores ensayos. Las bases del concurso las
pueden conseguir en:
Igualmente, pueden
conseguir más información aquí:
Esta es una buena
oportunidad para escribir, para investigar, para proponer, para indagar lo que
podrían ser las soluciones pacíficas modernas a las controversias jurídicas. Lo
más interesante es que va dirigido a estudiantes, a aprendices de abogados que
buscan promover nuevos mecanismos de resolución de litigios por vías no
necesariamente judiciales pero sí pacíficas.
Más información: http://bit.ly/1kJPjtP
Etiquetas:
Bogotá,
Cali,
Colombia,
concurso,
derecho,
ensayos,
estudiantes,
leyes,
Medellín,
métodos alternativos de resolución de conflictos
¿Por qué no soy, ni seré político?
Aristóteles en su célebre libro
La política afirmaba que todo hombre
tenía una naturaleza política, y que si no lo era se debía a que se trataba de
un imbécil o de un ermitaño. Sin embargo, es justo tener en cuenta que el
filósofo griego se refería a la vocación pública del hombre y no a la profesión
de político.
Hoy en día la política se
ha convertido en una transacción de lo público con fines particulares; ya no es
el arte de gobernar en interés general. La política se ha corrompido, se ha
degradado, y solo ha quedado como una ocupación de comerciantes electoreros.
Hay buenos políticos,
también es justo decirlo, pero la mayoría de quienes ingresan en ese mundo
actualmente lo hacen para saciar su sed megalómana, y para enriquecer sus
bolsillos. El arte de gobernar en interés general solo ha quedado en el papel,
en el mundo de las ideas, del deber ser.
La democracia necesita de
los políticos, pero se ha vuelto al revés, los políticos se benefician de la
democracia. Todo se ha vuelto un negocio de transacciones, de electorerismo en
grado sumo. No me atrae ese mundo, para nada.
¿Tiene la culpa el sistema
político imperante? ¿La democracia? No lo creo, aunque sí es verdad que los
gobernantes son un reflejo de quienes votan por ellos. La democracia permite el
autogobierno, y que las personas decidan por su futuro ellas mismas. La democracia
es un sistema con defectos obviamente, pero es el mejor sistema para garantizar
la libertad de manera institucionalizada.
Para garantizar un mejor
funcionamiento de este sistema es necesario asegurar que los gobernados cuenten
con una mejor cultura política, con una mejor cultura de lo público, y con una
mejor cultura democrática basada en valores positivos. Si no se trabaja en ello
la política seguirá corrompiéndose cada día más hasta volverse un simple
ejercicio de mercaderes del voto.
En estas condiciones no me
atrae la política, no me interesa ser político, creo que soy más útil desde
estas esferas, y desde estas trincheras. Accionando sobre el pensamiento, sobre
la opinión. Algún día volveremos a ver ese ejercicio noble de lo público,
cuando haya una mejor conciencia política. Dar ese salto a la dictadura porque
la democracia no sirve, es peor; es un suicidio que toca evitar.
Etiquetas:
Colombia,
Democracia,
derecho,
elecciones,
Filosofía,
leyes,
Política
¿Vargas Lleras será presidente de Colombia en 2018?
Juan Manuel Santos anunció
en el día de hoy que Germán Vargas Lleras será su fórmula vicepresidencial para
el período 2014-2018. No fue sorpresa, todos los medios de comunicación aseguraban
que esto sucedería. Era un secreto a voces.
El rumor había generado
ciertas reticencias en determinados círculos de la denominada Unidad Nacional.
Sin embargo, era obvio que el exministro y exsenador era el candidato natural
para esta posición. Vargas Lleras, en su empeño por ocupar el solio de Bolívar,
debía aceptar esta nominación; Juan Manuel Santos, para reelegirse, debía estar
acompañado por Vargas Lleras. Es una relación de mutuo interés entre estos dos
políticos.
No obstante, en las
encuestas realizadas a finales del año pasado, el político bogotano y jefe de
Cambio Radical mostraba índices de aprobación bastante altos, incluso mucho más
protuberantes que los que tenía el propio Santos. Se llegó a pensar que Vargas Lleras
daría un salto al costado y que se enfrentaría con el Presidente. Pero esto no
ocurrió, ¿por qué? El exministro hubiera podido iniciar una campaña a la Presidencia
amparado en estos márgenes de favorabilidad, pero, eso significaría romper los
acuerdos de hace cuatro años que se fraguaron entre él y el Presidente, y por
otro lado, era probable que los partidos de la Unidad Nacional en su gran
mayoría apoyarían al Presidente en su reelección y no a Vargas Lleras. Lanzarse
a la Presidencia era una aventura.
Para el nieto de Carlos Lleras
Restrepo es más conveniente seguir la fila india, esto es, hacer de segundo de
Santos y lanzarse en 2018. La reelección de Juan Manuel Santos está casi que
cocinada, a él lo apoyan el partido Liberal, Cambio Radical, el partido de la
U, y un sector importante del partido Conservador. Esto le alcanza al
Presidente para ser reelegido, aunque no se sabe si aquello ocurrirá en primera
o en segunda vuelta.
Con el apoyo de Vargas
Lleras, Santos gana puntos dentro de los sectores que ven con desconfianza el
proceso de paz que se está llevando a cabo, y obtiene el apoyo de un político
que empezó como concejal de Bogotá, que ha presidido el Congreso de la
República y que fue ministro del Interior y de Vivienda. Vargas Lleras es un
político profesional, su nombre tiene mucho prestigio en varios círculos de
poder, y sin lugar a dudas será fundamental para que Santos gane la reelección
con mayor comodidad.
¿Podrá ocupar la Presidencia
en 2018? Eso depende de varios factores. El primero de ellos depende del éxito
que tenga en su labor como Vicepresidente. Santos acaba de asegurar que quiere
una Vicepresidencia más activa y más dinámica (¿fue una indirecta para Angelino?),
por lo tanto, es obvio que Vargas Lleras no será solo un Vicepresidente de
declaraciones mediáticas y de reportajes en los medios. No, él será un
Vicepresidente que podríamos llamar como ejecutivo. El segundo factor dependerá
de mantener cohesionada la denominada Unidad Nacional. El partido político que
apoya incondicionalmente a Vargas Lleras es Cambio Radical, eso se detiene por
descontado, ¿pero será que el partido Liberal lo apoyará también en cuatro años
en sus aspiraciones presidenciales? Al parecer no, porque Simón Gaviria también
quiere despegar en esa pista, y obviamente César Gaviria –su padre- lo estaría
apoyando. Los Gaviria mandan en ese Partido desde hace varios años. ¿Qué
pasaría con la U? Un misterio mayor, ya que este Partido empezó apoyando al
presidente Uribe, después a Santos, pero no sabemos si en cuatro años le jale a
una candidatura presidencial de Vargas Lleras. Tal vez, el presidente Santos,
uno de los fundadores de esta colectividad, le dé la manito a su Vicepresidente
por este lado.
El tercer factor, y no
menos importante, es el resultado del proceso de paz que se está llevando a
cabo, los diálogos de La Habana posiblemente terminen con la firma de un
acuerdo en el Gobierno y la guerrilla de las FARC. En una Colombia sin
conflicto armado interno, el papel y el rol de hombres como Vargas Lleras es
indefinido. Él tiene fama o imagen de hombre duro, ha sufrido varios atentados
contra su vida, y la gente lo asocia con sectores que históricamente han sido inflexibles
con la guerrilla. En un postconflicto, no sabemos qué papel juegue Vargas
Lleras, ¿será que se decantará por una imagen más social? ¿Será que asumirá el
rol de hombre de la seguridad contra lo que quede de factor de perturbación del
orden público en Colombia? No lo sabemos, sin embargo, su última actuación en
el Gobierno como ministro de Vivienda nos permite asegurar que Vargas Lleras en
estos cuatro años tratará de que lo asocien más con temas sociales, pero sin
descuidar su faceta anticorrupción y promilitarista.
El cuarto factor,
determinante para Vargas Lleras ocupe el solio de Bolívar en 2018, es su
competencia por este cargo. Simón Gaviria quiere un puesto en el Gobierno de
Santos para impulsar su carrera por la Presidencia. El hijo del expresidente ya
fue representante a la Cámara y actualmente es el director del partido Liberal.
Gaviria Junior quiere repetir la hazaña de su padre. Un fuerte competidor para
Vargas Lleras. Por otro lado, el sector uribista no se puede desdeñar. Si el
proceso de paz con las FARC termina siendo un fracaso, es indudable que los
opositores de Santos ganarán réditos con este asunto, y en 2018 tal vez lleguen
más fortalecidos después de haber disfrutado de las mieles del poder en la Rama
Legislativa. No creo que Óscar Iván Zuluaga derrote a Santos en 2014, pero tal
vez un Francisco Santos u otro uribista sí pongan a temblar a Vargas Lleras en
2018. El general en retiro de la Policía Óscar Naranjo sería también otro
competidor a derrotar. No sabemos al sol de hoy dónde lo pondrá Santos, el
exgeneral quería ser Vicepresidente, pero eso ya no se pudo. ¿En qué cargo
cuadra mejor Naranjo? ¿De ministro de Defensa? Creo que allí tendría muchas
dificultades porque el exdirector de la Policía es general de una fuerza
distinta al Ejército, y en las Fuerzas Armadas colombianas quien tiene la primacía
es esta Fuerza. Poner a un exgeneral de la Policía como ministro de Defensa
generaría reticencias por aquello de las susceptibilidades del honor militar.
Lo más probable es que Naranjo termine de embajador, o en una Alta Consejería.
Creo que esto le da más combustible a la candidatura presidencial de Vargas
Lleras. Otros candidatos como Peñalosa, Martha Lucía Ramírez, Clara López, etc,
etc, no creo que le hagan cosquillas al nieto de Carlos Lleras en 2018, pero la
política es tan cambiante que cualquier cosa podría pasar.
Etiquetas:
campaña presidencial 2014,
Colombia,
debate,
derecho,
leyes,
polémica,
Política,
Presidencia 2018,
Santos,
Vargas Lleras,
Vicepresidencia
Los abogados sofisticados
Escoger profesión en
algunos casos es difícil. Para mí lo fue hasta cierto punto. Cuando acababa el
bachillerato, y llegaba aquella época de presentarse a las universidades,
también llegaba el dilema del futuro profesional. En mi caso escogí estudiar
derecho. Ser abogado, ése sería mi destino. Sin embargo, siempre tuve claro
algo en mi mente: quería aprender derecho, el ejercicio de la profesión vendría
después.
Cuando ingresé a las
aulas del Colegio Mayor del Rosario –donde cursé jurisprudencia- no tenía una
visión muy clara sobre qué pasaría después de acabar la carrera. Un profesor –esta
anécdota la he contado varias veces- me preguntó en primer año: “¿Cómo se
visualiza usted en el futuro?”. Mi respuesta fue: “Quiero resolver problemas”.
El profesor hizo una mueca que me resultó bastante desagradable porque era de
burla, él exclamó: “¿Desde pequeño usted ha soñado con resolver problemas?”.
Todos mis compañeros emitieron una carcajada, el profesor estaba ridiculizando
mi respuesta. Después dije que quería ser asesor jurídico, o algo así, para
atenuar las risas. El profesor me corrigió con su habitual arrogancia: “Es
mejor decir que quiere ser consejero, asesor es una palabra pasada de moda”.
Hoy en día, y varios
años después de graduarme de abogado, todavía me pregunto si escogí bien mi
carrera. El ejercicio de la profesión de abogado es difícil, está llena de
vericuetos, enredos, malas prácticas, y sobre todo mucho aburrimiento. Es el
precio que pagan los abogados por obtener enormes cifras en honorarios, dicen
algunos. Y es verdad, uno puede volverse millonario siendo abogado. De hecho,
conozco muchos colegas que nadan en dinero ejerciendo la profesión. Sin embargo,
la vida me ha enseñado que el dinero no es todo en la vida. Muchos sonreirán
cuando lean esto, estoy seguro. Pero es la verdad, el dinero no puede ser la
principal motivación para ejercer una carrera o un oficio. Quienes se dedican a
una ocupación por dinero terminan destruyendo sus vidas, porque encierran sus
sueños en clósets, y esos sueños –como cadáveres putrefactos- empiezan a emitir
mal olor y a carcomer las conciencias.
Me gusta el derecho;
lo entiendo, lo admiro, y lo critico. Como profesor he sentido alegría al
observar los emocionados rostros de los alumnos, al verme exponer algún tema
jurídico –aunque también he visto desdén y aburrimiento, a decir verdad-. Sin
embargo, el derecho me ha servido mucho. Me ha dado una visión de la realidad
en la que nos movemos, una descripción de la entelequia que hemos creado los
seres humanos para vivir. El derecho es una hermosa creación humana, es una de
las mayores expresiones de la civilización. Sin embargo, en la práctica tiene
enormes defectos, que de cierta forma nos desaniman a todos los que lo
idealizamos.
Como en toda
actividad; hay abogados buenos, regulares, y malos. No creo en aquel paradigma
urbano y vulgar que afirma: “No hay abogado honesto”. Eso es mentira, conozco
muy buenos profesionales del derecho que de forma íntegra han acumulado enormes
recursos económicos sin recurrir a la inmoralidad o a la ilegalidad.
No me equivoqué, debía
estudiar derecho. Era preciso conocer este mundo para incursionar en otras
aventuras intelectuales –como las de escritor, comunicador, o profesor-. Siento
gratitud con la vida por haber conocido a mis profesores, a mis compañeros de
universidad, a mis colegas con los que trabajé, a mis jefes, y en general, a
todas aquellas personas que están involucradas con el derecho.
El viernes pasado, y
ése es el motivo de este escrito, escuché en la radio la entrevista que le
hicieron a un abogado de una prestigiosa firma de Colombia. Al jurista le
preguntaban por un extraño caso relacionado con la constitución de una multitud
de sociedades, con el fin de adquirir un predio rural en el sur del país. El
caso es complejo, y no quiero entrar en detalles sobre el particular. Pero, lo
que me llamó la atención fue una de las respuestas del abogado. Los periodistas
–de forma justa o injusta, no lo sé- en un momento dado lo acusaron de leguleyo.
¿Qué quiere decir este término? En el ámbito legal, un leguleyo es una persona
que se ajusta demasiado a la norma, perdiendo por un momento la noción del fin
de la misma. Todas las normas tienen un fin, pero, muchas veces los que deben
aplicar esas normas distorsionan sus objetivos, o incurren en injusticias al
apegarse demasiado a éstas. Es difícil explicar esto, lo sé, sobre todo a un público
no ilustrado en la materia.
La respuesta del
jurista al ataque de los periodistas fue de este calibre –palabras más,
palabras menos-: “Para ustedes es una leguleyada, pero es lo que hacemos los
abogados sofisticados al interpretar una norma”. No soy un juez o un
funcionario de un órgano de investigación, para decidir quién tiene la razón en
este caso. Sólo quiero decir que me llamó la atención este término: “Abogados
sofisticados”. Después de escuchar la entrevista radial del jurista me
pregunté: ¿Qué es eso? ¿Qué es un abogado sofisticado? A mí nunca me enseñaron
eso en la carrera, y jamás lo he escuchado en el ejercicio de la profesión. De
pronto, sí se utiliza pero yo jamás había oído esas palabras juntas. “Abogado”
y “sofisticado” no son expresiones que usualmente uno escuche mencionar de
forma conjunta.
Me imagino que el
abogado de esta prestigiosa firma quería decir que la operación sobre la que
era cuestionado, era una operación compleja, y que por lo tanto a simple vista
podría ser la expresión de una leguleyada, aunque en realidad era una maniobra
legítima pero difícil de explicar a un público profano. Eso fue lo primero que
pensé. Después acudí a mi memoria “vivencial”, llamémosla así. Esto quiere
decir, que acudí a mi experiencia con este tipo de personas. Los abogados de
estas prestigiosas firmas -en general- son egresados de universidades privadas,
han hecho uno o varios postgrados en Colombia, y también han cursado
especializaciones en el extranjero. En la mayoría de los casos hablan más de un
idioma. Esas firmas cobran por hora de trabajo, y generalmente lo hacen en dólares.
Hay de todo en esas firmas; como siempre, hay buenos, regulares, y malos
abogados. El hecho de que un abogado haya estudiado en una universidad privada,
haya cursado un postgrado en Estados Unidos, y hable inglés aceptablemente, no
lo convierte en un genio o en superdotado. Lastimosamente esas firmas tienen
unos criterios bastante superficiales para escoger a sus empleados, pero así
funciona no sólo el mercado laboral de los abogados, sino en general, el
mercado laboral, lamento decirlo.
Conozco varios amigos
abogados que trabajan en esas prestigiosas firmas, y son excelentes
profesionales. Pero, también hay varios mediocres, tengo que confesarlo. Cuando
el jurista –objeto de la entrevista radial mencionada- hablaba de los abogados
sofisticados, para presentarse como algo diferente a los simples leguleyos,
acude a su orgulloso título de miembro de tal o cual bufete. Como si eso lo
exonerara de responsabilidad.
No hay abogados
sofisticados, todos los abogados somos simples defensores de la justicia –o eso
creo yo-; todos los abogados tenemos una misión: defender la verdad para que
haya paz y armonía en la sociedad. Algunos lo hacen desde la magistratura,
otros desde la cátedra, otros desde el litigio, otros desde la oficina jurídica
de una empresa o de una entidad pública. Todos los abogados tenemos un deber
con la sociedad: lograr la Justicia. No hay operaciones simples y complejas
para el mundo jurídico, porque todas las operaciones jurídicas son aplicaciones
de la Ley.
Interponer una acción
de tutela para proteger un derecho fundamental es tan simple y tan complejo
como constituir veinte sociedades y registrarlas en un país europeo. Para el
abogado, todos los problemas de los clientes son complejos porque esos ciudadanos
están reclamando un derecho, que para ellos es vital. Es tan importante
proteger el derecho a la salud de una anciana de noventa años, como defender
los intereses económicos de un conglomerado industrial. Para el abogado de
verdad, ambos casos son igual de importantes.
Y vuelvo a la
anécdota que me sucedió en la universidad. Ese profesor que se burló de mi
respuesta tenía o tiene fama de fanfarrón, de soberbio, de arrogante. Años
después, cuando yo ya era profesor, me sucedió una anécdota referida a este
individuo. Un día, cuando acabé de dictar una clase, y tenía que firmar en la
planilla de control de asistencia, me encontré a la secretaria de la Facultad
llorando a mares. Le pregunté lo que había sucedido, y me dijo que el citado
profesor la había humillado y ofendido. Yo le aconsejé que no le pusiera
atención, que todos sabíamos que ese tipo era un patán. Porque paradójicamente,
ese profesor también se las da de ser un “abogado sofisticado”.
Etiquetas:
abogados,
bufetes,
Colombia,
derecho,
ejercicio,
juristas,
justicia,
leguleyos,
leyes,
oficinas de abogados,
profesión,
sofisticados
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

